Cuaderno de verano IV: El mar suficiente

Cuaderno de verano IV: El mar suficiente

La maleta con las lecturas de verano. Un clásico. Ando ahora con Lila, de Marilynne Robinson. Es la tercera de sus novelas que transcurre en el territorio ficticio de Gilead, en Iowa. Y precisamente a Iowa está dedicado este tercer volumen. Un libro que, como los dos anteriores, tiene un fuerte componente cristiano. La capacidad de Robinson para hablar de cosas muy importantes (Gracia / Perdón / Sentido del dolor / Familia / Amor / Pasado…) sin apenas mencionarlas, como en voz baja, es única. 

Es verdad que este año estoy más liado que de costumbre con las cosas de escribir, pero el verano es muy largo y hay tiempo para todo. O eso espero. De ahí que tenga preparadas algunas lecturas más, como algún libro de José Carlos Llop (un autor que asocio con el verano y el mar), una biografía de Santa Teresa de Jesús, otro libro de Jesús Montiel y algunas cosas más. Y, sobre todo, poder tener esa sensación anárquica de coger hoy un libro y mañana otro distinto, por el mero placer de leer algunas páginas sueltas. Eso también es verano lector.

Sí, en verano la maleta más importante, aunque no lo parezca, es la de las lecturas que nos acompañarán en estos días de calor, familia y mar. No es poca cosa.

22 muertos en una iglesia de Damasco por un atentado. Y sigue…

A lo mejor lo que realmente necesitamos es recuperar lo que siempre hemos tenido.

24 de junio. Un día estupendo en Alicante con un grupo de amigos. La mascletá retumba todavía algunas horas después en la memoria, como esas fotos  en blanco y negro que aún respiran un aroma o un sonido, que incluso parecen moverse en su quietud. El atardecer de la noche más corta del año nos encuentra en buena compañía, mientras emprendemos el camino de regreso. Y el fuego, que esta noche brillará por toda la ciudad, no tiene poder sobre las palabras ni sobre la memoria.

Cuando salgo a andar o correr un poco estos días veo, junto a los árboles, un montón de hojas secas, amarronadas…como un otoño deconstruido que espera unos meses para ser montado en todo su esplendor.

Con la ola de calor hemos inaugurado las noches del balcón. Suelo quejarme, cada vez con más insistencia, de la falta de vistas en mis balcones o ventanas, pero lo cierto es que desde mi balcón se vislumbra, al fondo, entre las casas y los edificios, las grúas y la calima, el mar. Y el mar, aunque sea parcelado, siempre es suficiente.

Termino la lectura de Lila, de Marilynne Robinson. Como las dos anteriores, una gran novela. Cosa que no es tan fácil de encontrar. Hay una frase, ya casi al final, que me deja impresionado, como otras muchas: “Ella (Lila) quería preguntarle algún día en qué se diferencia rezar de preocuparse”. Amén. 

Marco Antonio Torres Mazón

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