Notas de otoño XI: Entrar y salir

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Notas de otoño XI: Entrar y salir

¿Hay una lectura cristiana de la obra de William Shakespeare? Seguro. ¿Y católica? En Mucho ruido y pocas nueces, por ejemplo, casi podemos estar hablando del bautismo, del nacer a la vida como una persona nueva ya limpia de pecado.

William Shakespeare, C. S. Lewis, José Jiménez Lozano, Unamuno, Julio Martínez Mesanza, John Henry Newman, Charles Dickens, Evelyn Waugh, Andrei Tarkovski, Christian Bobin, Galdós, Benedicto XVI, San Alfonso María de Ligorio, Chesterton, León Felipe. Todos ellos hicieron su particular aportación al pregón. Así que…muchas gracias.

Ponemos en el mueble del recibidor de casa la pequeña talla, copia exacta, que de la Purísima ha realizado Víctor García, y que la Real Asociación Hijos de la Inmaculada ha tenido a bien regalarme por el pregón realizado hace unas semanas. Y no es hasta unos días después que me doy cuenta de un detalle. Hemos colocado la preciosa imagen de tal manera que es lo primero que vemos justo al entrar en casa. Y tenemos, en la pared de enfrente, un Cristo crucificado, regalo de boda de un amigo sacerdote, de manera que es lo último que vemos antes de salir de casa.

Leyendo estos últimos días de noviembre el ensayo, clásico, de Humphrey Carpenter sobre los Inklings; ese grupo de profesores y escritores que, en Oxford, se reunían para beber cerveza y fumar sus pipas y hablar de sus respectivas obras. Y también de muchas cuestiones de tipo personal, religioso, que se dirimían al calor del humo de un buen tabaco aromatizado.

Te resulta raro que te hagan dos entrevistas. Una en la radio y otra en la televisión. Te toca salir de tu madriguera. En ambas, el buen hacer de los periodistas logra que te sientas como en casa. Todo fluye con naturalidad.

Roger Scruton tocando el órgano en la iglesia en la celebración del domingo. A veces pienso en esa imagen y me entra una profunda alegría mezclada con melancolía.

El pregón es como el epicentro del terremoto. Luego, las ondas sísmicas se hacen cada vez más débiles a medida que pasan los días. Es entonces cuando se va asentando el recuerdo en tu memoria. Ahí es donde vivirá para siempre.

Este Palabras enmarcadas hace el número 340. No está nada mal para algo que nació con las lógicas dudas de todo lo que arranca a vivir. Ahora, sin embargo, sería incapaz de reconocer mi vida sin esa ventana que, semana tras semana, año tras año, se abre y por la cual miro el mundo (y el mundo termina mirándome a mí). Y también es un lugar en el que, poco a poco, un grupo de fieles lectores nos vamos reconociendo como una suerte de familia a la cual ya no nos hace falta hablar para saber qué es lo que pensamos en cada momento. Pequeño milagro.

            Marco Antonio Torres Mazón