Cuaderno de invierno III:  Lecturas y atardeceres

Cuaderno de invierno III:  Lecturas y atardeceres

Leyendo Una vida tranquila, de Coradino Vega. Una suerte de ensayo donde los datos se van cruzando de una determinada manera para crear un mapa de lecturas, películas, músicas, pinturas y, finalmente, un retrato del propio autor. Las figuras del músico Federico Mompou, del pintor Giorgio Morandi y de la poeta Jane Kenyon trazan la línea de demarcación de un libro que se lee como una novela, pero también como un cuaderno de notas.

Otro libro que me está haciendo compañía en estos días de mucho frío es una antología de poemas de Antonio Colinas. Colinas es un escritor al que poco a poco me voy acercando cada vez con mayor interés, sobre todo a raíz de leer sus Tratados de armonía.

Así, con estos libros vamos caminando esta semana en la que el ánimo, como el tiempo, se nos ha quedado un poco destemplado. Por eso un buen poema, como ese en el que habla Colinas de un verso de Virgilio, sirve para atemperar el ánimo. 

“Mientras Virgilio muere en Bríndisi no sabe

que en el norte de Hispania alguien manda grabar

en piedra un verso suyo esperando a la muerte”. 

Encuentran el cadáver de un indigente en el interior del antiguo edificio donde antes había un colegio y una residencia. Y hay una doble tristeza en este tipo de noticias. Por un lado, la de la propia muerte. Por otro lado, el saber que ha sido en la más absoluta soledad. Lo que este tipo de testimonios dicen sobre nuestra actual sociedad es algo que sólo el futuro lejano y la perspectiva podrán esclarecer. 

Voy conduciendo en dirección al hospital para una consulta médica. La tarde cae con esa suavidad con la que lo hace en invierno. Suena Federico Mompou…Pájaro triste. Y la música del interior del coche acompasa la imagen del sol buscando refugio tras el horizonte y rompiendo el cielo en una sucesión de colores rojos, naranjas, rosas. Es entonces cuando pienso que hay momentos que podrían durar una eternidad pero que duran apenas unos segundos, lo suficiente como para poder anotarlos en este cuaderno y prolongar su vida un poco más. 

Contemplando la situación actual de Estados Unidos (y de su relación con el resto del mundo, por supuesto) no puedo evitar pensar en los buenos artículos que nos hubiera regalado un escritor como Gore Vidal. Un autor con el que no siempre estaba de acuerdo, pero por el que siento una especial simpatía. Su viva inteligencia y su profundo conocimiento de los mecanismos y resortes del poder eran dignos de tenerse en cuenta. Su ironía era a veces despiadada, es cierto, pero provenía de la necesidad de ser libre en una sociedad que no siempre lo ponía fácil. Su libro de memorias es uno de los mejores del pasado siglo, y su novela sobre Lincoln una lección de historia y poder narrativo de primera clase. Sí, seguro que tendría algo que decir sobre todo lo que estamos viviendo. Aunque, en cierto modo, sigue hablándonos en presente desde el pasado de sus libros.

La misa del domingo a las 9 de la mañana en invierno: el calor de la fe.

Marco Antonio Torres Mazón

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