Accidente ferroviario en Adamuz, Córdoba. Mañana del lunes y ya hay 39 muertos (Cuando transcribo esta anotación compruebo que son 45 los fallecidos finalmente). En ese tren iban muchas historias, planes de futuro, sueños y anhelos. Mientras, ya comienza la trifulca política. Yo solo puedo rezar. Yo solo quiero rezar.
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Cuesta mucho hacer un poco de silencio y, sin embargo, cada vez es más necesario. La pulsión imperante es hablar, dar nuestra opinión sobre cada una de las cosas que suceden en este mundo (como si eso, nuestra opinión, fuera algo importante). La escucha es así complicada. La escucha de nuestro propio interior en primer lugar, por supuesto. Escucharnos (sinceramente) nos incomoda. Podemos decirnos cosas a nosotros mismos que nos hacen sentir mal. Y, claro, hasta ahí podíamos llegar…
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En las canciones de Bill Callahan puedes sentir que la música se está creando justo en ese instante preciso de la escucha, como en una película de John Ford o en un poema de Walt Whitman.
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El libro de Luis Miranda sobre Juan de Mesa me gustó muchísimo cuando lo leí y lo he tenido en mente mientras escribía sobre la cofradía de Nuestro Padre Jesús Triunfante y Nuestra Señora de la Esperanza y de la Paz. Ahora que ya he terminado tengo ganas de verlo publicado y en las manos de muchas de las personas en las que pensaba mientras lo escribía. Mientras, voy recopilando todas estas Palabras enmarcadas con la idea de verlas también impresas en forma de libro, algo que me haría mucha ilusión pues es un proyecto vivo, que se va haciendo semana tras semana y que tiene en su interior un fino hilo conductor: anotar la vida como a través de una ventana.
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Lo que se espera de un amigo es que esté a tu lado, tanto si comparte como si no lo que estás haciendo. Como en el poema de Julio Martínez Mesanza, De amicitia:
“A tu lado en el campo victorioso
y junto a ti estaré cuando el fracaso”.
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Caminando en dirección a la iglesia de la Inmaculada para la misa del domingo. Es temprano y hace bastante frío. Al pasar junto al antiguo colegio y residencia de las Hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas me fijo en el viejo y oxidado aldabón de una de las puertas laterales. ¿Cuándo fue la última vez que alguien lo utilizó? Un llamador…nada hay más analógico que eso. En el mundo de las redes sociales y la inmediatez de la conectividad, un viejo llamador nos avisa de otro tiempo, otro ritmo, otra manera de hacer las cosas. Tengo la tentación de acercarme y tocarlo. Y dar unos golpes. ¿Imaginas que alguien responde al otro lado de la puerta?
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La belleza de lo pequeño, de lo sencillo, de lo que no parece tener importancia.
Marco Antonio Torres Mazón

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