El café de la mañana, en la cocina, con A. Luego, el inicio de la rutina en un día como otro cualquiera. Sin embargo, no siempre el café sabe igual (Hay miles de variables: la temperatura, la mezcla exacta de leche, la cantidad de azúcar, el tiempo transcurrido entre el primer y el último sorbo, etc.), ni la luz de la mañana se filtra por la ventana de la galería de la misma manera. Hay, por tanto, que aprender a mirar cada momento con ojos nuevos, con ojos agradecidos.
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Voy leyendo poco a poco los textos que Ramón Andrés selecciona en su No sufrir compañía. El sabor que esta lectura, de estos decires, me hace recordar un librito de Christian Bobin que leí el año pasado, precisamente por estas mismas fechas cuaresmales: Soberanía del vacío. Lo busco entre los estantes y saco el pequeño volumen. Comienzo a leer. Una relectura inesperada pero llena de sentido, ya que el texto de Bobin parece un escrito místico. “Por la música Dios penetra en el aire”, anota en una de sus páginas. Caigo en la cuenta de que uno va construyendo a lo largo de su vida una biblioteca precisamente para estos momentos; para poder pensar en un libro y poder buscarlo en ella. Nuestras bibliotecas personales son algo parecido a una biografía. Dicen más de nosotros que cualquier foto que nos hagamos con el teléfono para subir a las redes sociales. Nos definen como pocas cosas son capaces de hacer.
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A veces todo depende de un solo segundo. Si eres capaz de parar un segundo antes de decir una tontería o algo hiriente, tendrás mucho ganado.
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El silencio es creador.
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Cuando el Santísimo Cristo de la Expiración, “el Cachorro”, se quemó parcialmente en 1973, Joaquín Cruz Solís y su hermano lo restauraron en sesiones donde trabajaban en completo silencio. (El Cachorro, crónica de una época)
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La gran alegría de saber que mi buen amigo Aurelio Martínez será el encargado de retirar la mantilla de luto a nuestra Patrona, la Purísima, en la amanecida del Domingo de Pascua.
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En otra página de Soberanía del vacío, anota Christian Bobin: “Hay mucha afinidad, complicidad, entre la lectura y la oración: las dos susurran”.
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La práctica totalidad de los autores antologados por Ramón Andrés en su libro sobre el silencio en los místicos de los siglos XVI y XVII tuvieron a sus superiores mirando con lupa sus escritos, sus palabras. Muchos de ellos padecieron procesos que terminaron en penas de prisión. Es un dato que conviene que no olvides cuando leas a ciertos autores más o menos actuales a los que les sucede algo parecido.
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La primavera se esconde en las siguientes páginas de este cuaderno.
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Un mar que te espera, un mar que te atrae, un mar que te ancla.
Marco Antonio Torres Mazón

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