Cuaderno de otoño IX: Volver a la luz

Cuaderno de otoño IX: Volver a la luz

De la importancia de saber estar y de guardar las normas protocolarias y litúrgicas en una iglesia debería hacernos pensar el hecho de que ya Dios obligó a descalzarse a Moisés en el Sinaí, pues pisaba terreno santo. 

Hay una parte en los diarios de Peter Handke que termino de leer estos días que están escritos desde el hospital, donde el autor ingresa por una serie de problemas cardíacos. Todos esos apuntes son de una gran fuerza…de una perfecta descripción del interior del alma del escritor. Unas páginas que me transportan a otros recuerdos: los de mi propia estancia en la UCI…en la planta de un hospital…dos años atrás. Y ese, en gran parte, es el milagro de la escritura, de la verdadera literatura: transitar tus recuerdos a través de los recuerdos de otros; encontrar tus palabras en las palabras de otro.

Vuelve de nuevo el frío, sobre todo al caer la tarde. Con el cambio de hora, además, vemos atardecer muy pronto. A algunos ver que a las 19 horas ya es noche cerrada les pone de mal humor. A mí, lo reconozco, me encanta. 

Y otro año más la fiesta de Halloween ya perfectamente instalada en nuestra sociedad. Asimilada y normalizada. Todo me parece bien, siempre y cuando seamos conscientes de lo que hemos dejado por el camino, de lo que hemos perdido y probablemente no seamos capaces de recuperar; del precio pagado por asumir que la modernidad, al fin y al cabo, sólo era una cuestión de truco o trato.

Ya están colocadas las luces de Navidad. Ojalá nos iluminen en lo importante…en lo que tendremos que celebrar…en la verdadera y única fuente de luz.

Despertar. Abrir los ojos y que lo primero que salga de tus labios (de tu corazón) sea la palabra “gracias”. 

Releyendo el libro de José Mateos 3 noches 3 auroras, me encuentro con este pensamiento a propósito de la Divina comedia de Dante: “Después de salir del Purgatorio, aún tendrá nuestro héroe que caminar muchos endecasílabos para ser, no ya señor de sí mismo, sino siervo de lo que está más allá de sí mismo”. 

Un plan para el futuro: aprender a pensar sólo en el presente.

San John Henry Newman es nombrado Doctor de la Iglesia por el Papa León XIV. De su magisterio, ya universal, me gusta su profunda honradez intelectual. Cuando, siendo anglicano, respetado y bien considerado entre los suyos, comprende, leyendo y estudiando a los Padres de la Iglesia, que la verdadera continuidad desde Pedro hasta el último Papa está dentro de la Iglesia Católica. Y comprendiendo esta verdad emprende el doloroso camino desde su comodidad imperante hasta Roma. Y en este camino iluminó y sirvió de guía a muchos otros que vendrían detrás, siguiendo su estela. Newman como Virgilio en la Divina Comedia. Volver a sus textos, a sus sermones (que siempre están en mi mesita de noche), es volver a lo que nos hace ser lo que somos, volver a la luz para ser iluminados.

Marco Antonio Torres Mazón

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