Cuaderno de primavera V: Hora de caminar

Cuaderno de primavera V: Hora de caminar

De un tiempo a esta parte me ha dado por volver a escuchar discos que me gustaban hace 20 o 25 años, o incluso más. Siendo sinceros he de decir que siguen sonando igual o mejor que antes. Imagino que la carga de recuerdos que traen consigo, además de la calidad de las canciones, también influye. Por eso hoy me he puesto el Sea Change de Beck en los auriculares y he salido de casa en dirección a la feria del libro, ya que es el último día. Se estaba de maravilla dejándose acariciar por el suave sol de primavera y por esos acordes y esa voz californiana. He hablado un rato con mi amigo Eduardo, de la Mil y un…libros y me ha regalado un ejemplar muy curioso: Hablan los escritores, de la editorial Kairós. Una selección de entrevistas a grandes autores del siglo XX como Ezra Pound, T.S.Eliot, Evelyn Waugh o Allen Ginsberg. Creo que voy a reservar su lectura para el tiempo de vacaciones, en verano. Y con estas pequeñas cosas damos los días por bendecidos.

Todos terminamos construyendo cabañas en nuestro interior. Cabañas donde guarecernos de la intemperie de los días. Como Thoreau en Walden. Este pequeño recuadro que tienes a la vista, amigo lector, donde cada semana nos encontramos, es el mío. Una cuartilla… 500 palabras… enmarcadas.

En Granada, una ciudad a la que nos gusta regresar, como a esos recuerdos o esos sabores o esos sonidos que nos cimentan por dentro y nos permiten respirar y vivir. Pasear con A. y con E., visitar varias librerías, como El tiempo perdido o la Cruz de Elvira, donde tan buenos ratos paso cada vez que estamos por aquí. Compro un libro de Christian Bobin y algunas cosas más. En el mostrador, charlo con el dependiente sobre lo especial que es la literatura de Bobin, sobre cómo sus libros crecen dentro de nosotros como pequeñas plantas puestas al sol en el alfeizar de una ventana y regadas con mimo en un feliz día de primavera.

Rezar en la capilla de adoración perpetua, ver algunos de los pasos de Semana Santa, subir al mirador de San Nicolás, la cumbre de Sierra Nevada dibujando todavía algo del blanco de la nieve del pasado invierno. Recuerdo eso que decía Ramón Gaya sobre la nieve: que era medieval. También visitamos el Monasterio de San Jerónimo, con un bellísimo claustro por el que paseamos, entre naranjos y capiteles de piedra, con parsimonia monástica.

Días que sabe a gloria y a nuevos momentos sedimentados en la memoria, en el alma.

Para este tiempo de Pascua y primavera, el comienzo de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer: “Las suaves lluvias de abril han penetrado hasta lo más profundo de la sequía de marzo y empapado todos los vasos con la humedad suficiente para engendrar la flor; el delicado aliento de Céfiro ha avivado en los bosques y campos los tiernos retoños…” (Traducción de Pedro Guardia Massó)

Siento que estoy cerrando la puerta de algo que comencé hace dos años. También siento que otras muchas puertas esperan ser abiertas. Es hora de caminar.

Marco Antonio Torres Mazón

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