Entrevista a Antonia Quesada, profesora de flauta travesera del Conservatorio Profesional Municipal de Música “Francisco Casanovas”

Entrevista a Antonia Quesada, profesora de flauta travesera del Conservatorio Profesional Municipal de Música “Francisco Casanovas”

“Cada día de mi vida le doy gracias a mi padre y a mi maestro por ser lo que soy”

La música es su vida y no concibe el mundo sin la música. Antonia Quesada ha trabajado durante 40 años en el Conservatorio Profesional Municipal de Música “Francisco Casanovas” de Torrevieja, donde ha sido profesora de flauta travesera. Además, ocupó el cargo de secretaria en los 90 y luchó junto a Conchita Boj –directora en ese momento- por lograr que se impartieran enseñanzas profesionales en el Conservatorio. Su padre era músico y junto al maestro Francisco Casanovas fueron los pilares de su vida. Alumna aventajada del maestro, comenzó desde bien pequeña a aprender solfeo con su padre y luego entró en la banda de Torrevieja, donde se formó con el maestro Casanovas. Cursó sus estudios de música elementales en el Conservatorio de Alicante y el nivel profesional en Murcia. Luego se trasladó a Madrid para terminar su carrera superior. Además, formó parte de grupos de cámara, así como de la banda de Torrevieja, la banda de la Diputación de Murcia y de la de San Miguel de Salinas, su pueblo natal. Tras completar su formación musical, Antonia regresó a Torrevieja en el año 84 cuando se abrió el Conservatorio, donde ha trabajado durante 40 años como profesora de flauta travesera. Con motivo de su inminente jubilación Antonia fue testigo hace unas semanas de un concierto de homenaje que nunca olvidará.

 

Vista Alegre: ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo de la música?

Antonia Quesada: Mi padre era músico, tocaba la tuba, aunque durante toda su vida tocó la trompeta y la corneta. Yo nací en San Miguel de Salinas, pero en el año 65 -yo tenía 5 añitos- nos vinimos a Torrevieja porque mis padres eran los caseros de la Unión Musical Torrevejense. Entonces vivíamos en la casa, que es la sede actual del Conservatorio; yo no me he movido de aquí. He vivido aquí toda mi vida, después me casé y me fui, pero empecé a trabajar en el Conservatorio. Cuando tenía 7 u 8 años mi padre empezó a enseñarme solfeo, y empecé con la flauta; Manolo Viuda me dio las primeras nociones. La banda no tenía un maestro fijo, de hecho Antonio Aniorte, el maestro Pastelero, venía de San Miguel para dirigirla. La suerte la tuve en el año 70 cuando el maestro Casanovas vino a hacerse cargo de la banda y entré a formar parte de ella. Yo tenía 9 años. Fue mi director, mi profesor… a partir de ahí toda mi carrera musical estuvo de la mano de él hasta que me fui al Conservatorio Superior de Madrid y seguí estudiando con Antonio Arias Gago del Molino, un flautista muy famoso que se retiró hace poco, que era profesor allí y solista de la Orquesta Nacional de España.

V.A.- Fuiste una alumna aventajada del maestro Casanovas, ¿qué recuerdos tienes de él?

A.Q.- Sí, gracias a él, a sus clases y a su dedicación conmigo. He tenido dos pilares en mi vida: mi padre y el maestro Casanovas. Tengo recuerdos muy entrañables porque era una persona muy cariñosa, amable y educada. Venía de estar 27 años en la India, era una eminencia, aunque era muy exigente. No está reñida la exigencia con la dulzura y el cariño. A mí me exigía mucho y me reñía mucho porque sabía que tenía potencial, entonces yo como niña lloraba mucho, pero luego venía, me abrazaba y me pedía disculpas. Su frase era la misma de mi padre: ‘Esto es por tu bien, el día de mañana serás una gran flautista’. Y así fue. Cada día de mi vida le doy gracias a mi padre y a mi maestro por ser lo que soy, por haberme dedicado toda mi vida a la música y haber podido vivir de la música, que es lo que mi padre hubiera querido. Él trabajaba en las salinas; la música era su hobby. Siempre me decía: ‘Hazme caso que tú algún día vivirás de la música’. Para mí el maestro Casanovas fue el abuelo que prácticamente no conocí, porque mis abuelos murieron cuando era muy pequeña. El maestro pasaba mucho tiempo en mi casa y todos le teníamos mucho cariño. Hizo una labor tremenda con la banda, la dejó en un nivel altísimo cuando se retiró en el 81. Fíjate si la dejó tan alta que cuando él se retiró yo también me fui de la banda. Para mí fue el mejor director y fui incapaz de seguir en la banda sin él. Entonces me fui a la banda de San Miguel con Pepe Navarro como director, desde el año 87 hasta el 92, cuando nació mi hijo. La mitad de la banda eran mis primos, todos músicos. Fue una etapa muy bonita.

V.A.- ¿Qué te gusta de la flauta que no tenga otro instrumento?

A.Q.- Yo no elegí la flauta, sino mi padre porque en aquella época era una niña. Hoy en día hay hasta percusionistas mujeres, pero antes no. Sin embargo, cogí la flauta y luego ya no me gustó otro instrumento. De hecho, mi padre murió cuando yo tenía 17 años y podía haber dejado de estudiar, pero me dije que ésta era mi vida y continué. También me gusta el piano, hubo una época en que supe manejarlo un poco por gusto, y la sonoridad del saxo, pero la flauta me encanta porque tiene un repertorio musical infinito. 

V.A.- Cuarenta años trabajando en el Conservatorio, ¿cómo ha sido este tiempo?

A.Q.- Hemos tenido de todo. Es la evolución de una sede que empezó en diciembre de 1984 con muchas ganas, pero con poco dinero. Juan Mateo dijo que Torrevieja necesitaba un Conservatorio. Entonces empezó como escuela de música y danza. Yo no cobré hasta julio del 85, por eso mi contrato son 40 años. Trabajamos por amor al arte hasta ese momento; éramos músicos con muchas ganas de trabajar y seguimos adelante. El Conservatorio comenzó con cinco profesores de música y uno de danza. Yo daba viento-madera, que abarca flauta, oboe, clarinete, saxofón… estaba yo sola para todos esos instrumentos. Con el tiempo y con el cambio de políticos a partir del año 89 todo fue mejorando con el alcalde Pedro Hernández Mateo. Él hizo mucho por Torrevieja y por el Conservatorio porque le gustaba la música. Dijo que había que poner a especialistas de cada instrumento. Hizo una selección de los profesores que estábamos y se permitió el lujo de no volver a contratar a quien no quiso. Además, se buscó un asesor musical, Francisco Grau Vegara. Así que a Conchita Boj la hicieron directora y a mí me pusieron de secretaria porque tenía un FP de administrativa. A partir de ahí mejoraron los contratos. Conchita y yo luchamos para que se impartieran enseñanzas profesionales, y trabajamos mucho; llegó un momento que fuimos el segundo mejor Conservatorio de la provincia, por detrás de Benidorm. Mucho trabajo, sacrificio y esfuerzo, pero ha merecido la pena. A partir del curso 2004/2005 Conchita y yo dejamos la directiva; me dediqué a mis clases con mis alumnos y a vivir mi música, que es lo que siempre me ha gustado. Ha sido una vida muy intensa, muy bien aprovechada, no he tenido tiempo de aburrirme. 

V.A.- ¿Tienes alguna anécdota curiosa?

A.Q.- Tengo muchas con mis compañeros de banda; lo pasábamos genial cuando íbamos a tocar a las procesiones de Cartagena. Eran cuatro horas tocando y había siempre un compañero que se desmayaba. Teníamos que cogerle el clarinete corriendo porque se podía romper. También tengo anécdotas en el autobús con los compañeros. Fue una etapa muy bonita. En las cenas y comidas de profesores del Conservatorio también lo hemos pasado muy bien. 

V.A.- ¿Has disfrutado más como profesora o tocando en las bandas?

A.Q.- La etapa con la banda de San Miguel la disfruté mucho, pero con lo que más he disfrutado es con los conciertos de solista en grupos pequeños de cámara o acompañada por piano. Cuando estaba en la banda de Torrevieja el maestro Casanovas hizo un grupo de cámara con los alumnos más aventajados, de hecho casi todos hemos hecho carrera y hemos vivido de ello. Estuvimos tocando en Elche, Alicante y en las cajas de ahorro. A partir de ahí empecé a tomar más confianza. Toqué con Manuel Martínez Guirao, y aquí en el Conservatorio con Conchita, Sabina, Natalia y Mari Carmen. Otra cosa que he disfrutado mucho son las actividades del Conservatorio porque sales de la rutina, como los conciertos escolares que han sido un éxito. Las clases me gustan porque qué mejor que transmitir a mis alumnos los conocimientos que he recibido de Casanovas. En uno de los actos de homenaje a Casanovas interpreté “Amor es un pajarillo”, la primera obra que escribió para mi primer concierto de solista. Todo esto me ha mantenido al pie del cañón porque me sacaba de la rutina de dar clase.

V.A.- ¿Ya tienes planes para tu nueva etapa como jubilada?

A.Q.- De momento mis planes no incluyen la música. Ha sido un año tan intenso que no me han quedado ganas. Lo que sí incluye es el cuidado de animales. Estoy colaborando con varias asociaciones desde hace tiempo, sobre todo con una de Andalucía. De hecho en unas semanas me voy a Huéscar (Granada). Desde el año 2006 no he parado de tener animales en acogida y en adopción; por mi casa habrán pasado unos 20 perros. Desde hace tres años tengo una galga adoptada; es la única que me queda porque se me han ido muriendo. Me voy a dedicar a eso, pero también a viajar porque tengo muchas amistades repartidas por todo el país. Tengo a mi hijo que se va a vivir a Galicia y no descarto establecerme por allí. De momento me voy a ir de vacaciones a Huéscar con la protectora de allí, con mis amigas y mi perra. Cuando vuelva en septiembre ya me plantearé qué hago. Pero, desde luego, voy a descansar un poco de la música. 

V.A.- Tus compañeros te hicieron un concierto de homenaje en tu despedida, ¿cómo te sentiste?

A.Q.- Fue sorpresa, mis compañeros solo me habían comentado que iban a hacer algo, pero no sabía que me iban a hacer ese pedazo de concierto. Entonces me di cuenta de lo mucho que me quieren. Con algunos tengo mis más y mis menos porque pensamos diferente, pero muchas veces haces borrón y cuenta nueva. Yo sé lo que aprecio a mis compañeros, pero no sabía hasta qué punto me apreciaban ellos a mí, y me lo demostraron. Fue muy emotivo. Además, vino el concejal de Cultura y el alcalde. Después invité a todos a un catering en el patio de la biblioteca, donde pasamos un rato muy agradable. No me esperaba este tipo de concierto de homenaje, me encantó. Eso lo llevo en mi corazón grabado. 

V.A.- ¿Te consideras afortunada por haber llegado hasta aquí?

A.Q.- Yo fui una niña privilegiada porque tuve un padre y un maestro excepcionales. Pero lo pasé muy mal a partir de los 17 años cuando murió mi padre porque era uno de mis pilares. Fue muy duro. A partir de ahí tuve que empezar a trabajar para pagarme los estudios porque no era suficiente con lo que ganaba mi madre. Mi maestro estaba ahí, pero yo me quedé coja sin mi padre. Desde entonces todo fue un reto para mí, me dije que tenía que sacarlo me costara lo que me costara. He trabajado en muchas cosas, cosiendo y vendiendo zapatos, en restaurantes, cuidando a personas mayores… para poder seguir estudiando en el Conservatorio. Yo siempre tenía en mi cabeza lo que me decía mi padre: ‘Sigue para adelante que el día de mañana vivirás de la música’. 

La parte musical me ha servido mucho para superar la parte personal que no fue tan satisfactoria. Tenía muchos problemas personales, pero me iba a mi trabajo y cerraba una puerta y abría la de mi mundo: la música. La música es lo mejor que he tenido en la vida para superar dichos problemas personales. Yo no concibo el mundo sin música.  

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