Leyendo Vita longa, de Mary Oliver. Es uno de esos libros misceláneos que tanto me gustan en los últimos años. Con esa aparente falta de estructura que a veces tiene la vida misma. Algunos poemas, algunos aforismos, algo de autobiografía. Es un libro que me está haciendo mucha compañía en estos días primaverales. Contiene también un pequeño ensayo sobre mi admirado Ralph Waldo Emerson que me ha emocionado bastante, ya que me ha hecho recordar los días en que leí al “sabio de Concord” en tiempos tan difíciles como fueron los de la enfermedad y muerte de mi padre. La lectura pausada de Hombres representativos o de la primera serie de Ensayos fueron el sustento de muchas horas de hospital junto a su cama. Por eso leer no es sólo comenzar y terminar un libro, sino el momento de tu vida en el que ese proceso tiene lugar. Y ciertos libros y ciertos autores quedan marcados por el momento en el que fueron leídos.
…
Llegará un día en el que todos nuestros problemas dejarán de tener importancia. También nuestras alegrías. Nos quedarán los recuerdos y la sensación de haber aprovechado o no el tiempo que se nos ha dado.
Y si esto último es así… ¿por qué no bendecir cada minuto que vemos la luz y escuchamos el sonido envolvente y repetitivo del mar? Disfrutar de un paseo a tu lado, de la lectura de un buen libro, de la página ya por fin escrita, de esa canción ahora descubierta o mil veces escuchada pero siempre nueva, el milagro de ver cómo E. se hace mayor. Regalos por los que sólo podemos mostrar nuestro agradecimiento. Un agradecimiento…sagrado.
…
Viernes de Vía Crucis. Hay algo sanador en pensar que en otras partes del mundo otros católicos rezan la misma oración, estación a estación.
…
El mar me regala vida. Y siempre me espera.
…
En el teatro, en la espera de la representación final de la Pasión con mis amigos del grupo Getsemaní. Ya vestido con los ropajes de Santiago el Mayor leo las últimas páginas de La gravedad y la gracia, de Simone Weil. Hay, ciertamente, algo gracioso y peculiar en leer a Simones Weil vestido de apóstol. Pero qué libro más extraño y más maravilloso. Tiene esa sabiduría desconcertante y esa Verdad de lo que parece inspirado. Anoto alguna de sus últimas frases:
“No ser sino un intermediario entre la tierra inculta y el campo labrado, entre los datos del problema y la solución, entre la página en blanco y el poema, entre el desdichado con hambre y el desdichado saciado”. (Traducción de Carlos Ortega)
Apagan las luces. Llaman a escena. Silencio. Se abre el telón…
Marco Antonio Torres Mazón

Dejar un comentario