Este año, cerca de 1300 personas han acampado esta Semana Santa en el área recreativa “José Eduardo Gil Rebollo”. Los vecinos torrevejenses han plantado sus tiendas de campaña para pasar unos días de desconexión, siendo la cúspide de estos días el lunes de Pascua.
Los días de fiesta son el pretexto para reunir a la familia y los amigos en un festín de mona, juegos y despreocupación. En el caso de Torrevieja, acudir a la “piná” en los días de Pascua, especialmente el lunes posterior a Semana Santa, es una tradición que arrastra varias décadas. No conocemos bien la génesis de este desfile opíparo de disfrute y, sobre todo, de comida.
Seguramente provenga del carácter jubiloso del torrevejense y su capacidad para convertir cualquier evento en una oportunidad para celebrar. Precisamente, ¿qué sería de la vida sin estos pequeños momentos que interrumpen nuestra rutina? Es la construcción de recuerdos que nos servirán de anécdota para las futuras generaciones y que, si nos esforzamos en mantenerlo, conseguirán perpetuar esta tradición.

La familia que acampa unida permanece unida
Muchas familias llevan acampando durante décadas. Este es el caso de “Los risos”, un ejemplo representativo de la idiosincrasia torrevejense que no se rinde a la nostalgia y se esfuerza en contagiar a las nuevas generaciones el espíritu “campestre”, que no consiste en otra cosa que compartir con los tuyos lo más valioso: el tiempo.
La familia de “Los risos” empezó en la antigua “piná”. Ahora, algunos de ellos ya no están y otros tantos han llegado nuevos, el entusiasmo por celebrar sí que permanece intacto. Entre bingos, disfraces, comidas y largas sobremesas se pierden muchas de las familias torrevejenses que, como ellos, han querido reforestar de alegría el área recreativa “José Eduardo Gil Rebollo”.
Las imágenes que ilustran estas páginas sirven de ejemplo y recuerdo, de cómo la esencia de la “piná” ha permanecido a lo largo de los años. De ayer a hoy, familias unidas para evitar desaprovechar los instantes que puedan pasar juntos. Como decía Mclaughlin: “La nostalgia de lo que se pierde es más soportable que la nostalgia de lo que nunca se tuvo”.

¿Quién dijo que el campo es aburrido?
Lejos de ser algo espontáneo, la “piná” está más organizada de lo que parece. Los asiduos a esta reunión campestre cuentan con grupo de Whatsapp y crean entre todos una serie de actividades de lo más diversas, demostrando que para el torrevejense las fiestas son atemporales.
Atemporales porque en la “piná” resucita, nunca mejor dicho, Halloween con el famoso pasaje del terror, donde pequeños y no tan pequeños se asustan y asustan a partes iguales. También, se homenajea a las fiestas patronales con una particular “charamita”, en la que podemos volver a bailar entre cabezudos.
Otro de los entretenimientos clave de estos días es el bingo. Este juego tan español como intergeneracional no puede faltar en un evento que destaca por la comunión entre personas de diferentes edades.
Para culminar el día, se disfruta de una tranquila velada de cine para todos los públicos. Otro de esos momentos de reunión que permite compartir risas y emoción entre convecinos, porque estos días los torrevejenses se sienten más en comunidad que nunca.
Ahora que ya han terminado los días de “piná”, solo nos queda esperar con ansías a que llegue el próximo año para retornar a “esos días felices”.


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