El Jubileo de los Regalos – Jubileo de la Esperanza 2025

El Jubileo de los Regalos – Jubileo de la Esperanza 2025

Qué regalazo tener 18 años y haber podido vivir como joven el Jubileo de la Esperanza de este 2025.

La diócesis de Orihuela-Alicante, presidida por Mons. José Ignacio Munilla y, a través de la Delegación de Juventud dirigida por don Pedro Payá —que además nos acompañó siendo uno más con nosotros—, organizó la peregrinación a Roma para vivir el Jubileo. Y un amigo y yo tuvimos la suerte de que en junio se quedaran dos plazas libres… y ese mismo día fueron nuestras.

Lo que vivimos en la ida hacia Roma, saliendo desde Orihuela, fue mucho más que un viaje de autobús, fue ser peregrinos: el encuentro con sacerdotes, religiosas y consagradas SIEMPRE alegres y dispuestos a ayudar; la convivencia con jóvenes que pronto dejaron de ser desconocidos para convertirse en amigos; las tantísimas horas en bus —pasando por Barcelona y Turín—; dormir en saco en el suelo; la importancia de la oración…

Uno de los momentos más bonitos, antes incluso de llegar a Roma, fue la adoración al Santísimo en la casa de Don Bosco, en Turín. Allí, rezando, pude ver la diferencia entre lo que parece “desde fuera” estar delante de un trozo de pan y lo que ES.

Un día después estábamos en Roma. Llegamos por la tarde, y después de dejar las maletas en el pabellón en el que dormiríamos, nos pusimos la camiseta verde que teníamos que llevar para el encuentro de los jóvenes españoles y fuimos directos a la Plaza de San Pedro. Después de unas charlas, el presidente de la Conferencia Episcopal presidió una misa en la misma plaza. No os imagináis la sensación de ser parte de esa marea verde…

Y por fin, llegó el día: ¡íbamos a Tor Vergata! ¡Íbamos a estar cientos de miles de personas reunidos con una cosa en común: nuestra fe! Poco a poco la inmensa explanada se hacía pequeña por la aún más inmensa cantidad de jóvenes. Y entonces llegó León XIV, algunos corríamos para verle de cerca, otros gritaban desde las vallas… ¡pero todos sabíamos que estábamos ante el Papa, vicario de Cristo!

Y así lo vivimos jóvenes de Uganda, EEUU, México, Corea, España… ¡de todo el mundo! Todos sabiendo que somos Iglesia y sintiendo así la Vigilia y la Misa juntos.

Ya hemos vuelto y nuestra peregrinación ha terminado. Ahora el reto es sostener ese fuego: para los que hemos podido vivirlo, que lo sucedido en Roma no se quede en una emoción pasajera, y para los que no, que nos acompañen y sean con nosotros Peregrinos de Esperanza.

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