Alta médica del Papa Francisco. Alegría del domingo…en toda su plenitud. Más adelante vendrán los interrogantes.
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Hay lunes que son muy lunes. Yo me entiendo, querido lector.
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Hemos tenido sol casi todo el día. Poder decir eso parece ahora un milagro después de un mes de cielos nublados y lluvia.
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Releyendo algunos poemas de Gerardo Diego, de la antología de poemas musicales que Antonio Gallego preparó para la editorial Cátedra, encuentro un soneto realmente hermoso sobre los últimos cuartetos de Beethoven. Viaja mi mente al recuerdo de un otoño y un invierno acompañados por esta maravillosa obra de madurez. Dejo aquí los dos tercetos finales:
Soñando espumas va de aurora a ocaso
-tempestades, bonanzas, viento raso-
más firme en su crujir a cada ola.
Y está abajo y arriba ella y su anhelo,
un solo rumbo rasga mar y cielo
y una arbolada cruz fulge y asola.
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Con la polémica desatada a propósito del libro basado en las entrevistas al brutal asesino J.B. sólo puedo decir una cosa: es la medida exacta de cierta mediocridad literaria moderna.
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En relación con lo anterior, este aforismo de Carlos Pujol, de sus Cuadernos de escritura: “De los contemporáneos casi lo único que se oye es el ruido. Con el tiempo empieza a oírse la música de unos pocos”.
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Celebración del Pregón de la Semana Santa. Acto con una gran dosis de emoción contenida. Aquí sí que se oye la música de unos pocos, como decía al aforismo de Carlos Pujol que comentaba más arriba. La música del maestro Aurelio y sus arreglos de marchas procesionales para cuerda. Magistral en “La Esperanza de María” o en “Encarnación coronada”. La música honda del pregón de Rosa Cañón; un pregón de esos que van calando dentro de quien tiene el privilegio de escuchar unas palabras cargadas de recuerdos y vivencias; un pregón equilibrado y con las dosis justas de cada uno de sus elementos. Armónico. Uno de esos pregones que tienen la extraña facultad de crecer en el recuerdo, echando raíces y anidando; un pregón, en definitiva, que perdurará más allá de la Semana Santa que tienen la dicha de anunciar. Y la música, finalmente, del nuevo capirote de oro, mi querido Ramón, de la cofradía hermana del Nazareno. Una de esas personas que uno no puede disociar de la vivencia cofrade en nuestra Semana Santa salinera. Una presencia constante, entregada y muchas veces anónima, con ese no darse importancia de las grandes personas, de los que hacen las cosas porque de verdad lo sienten y lo viven. Un ejemplo para los que vienen detrás, para los que tendrán que ir asumiendo responsabilidades dentro de nuestras procesiones. Ahora sí…comienza la Semana Santa.
Marco Antonio Torres Mazón

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