Sergio Boj Bri
El asedio. Parte 1.
La plaza del Molino de Torrevieja, uno de los puntos más elevados de la población, fue uno de los escenarios protagonistas aquella mañana del 18 de agosto de 1823, por la que discurrió el primer batallón liberal. En torno a esta ubicación existían una serie de molinos de viento para moler sal, que fueron revisados y desmantelados.
Fue una acción rápida que se llevó a cabo para evitar que los facciosos se escondieran o se hiciesen fuerte en el interior de estas estructuras similares a torres defensivas, así como de asegurarse de que no se acumulaba armamento en su interior.
Dicho batallón pasaría muy próximo a una finca agrícola de gran extensión que se situaba cerca de los molinos, justo en lo que hoy es el Parque de las Naciones, que recibía el nombre de Cerco Casciaro y cuya actividad ya se documentaba desde comienzos del Siglo XIX, existiendo una amplia hacienda y un aljibe. En cuanto a la capilla que hoy en día se conserva en uno de los extremos de la finca y que está dedicada a San Emigdio, ésta no comenzaría a construirse hasta años después.
De la zona de los molinos, la milicia al mando del teniente Mariano Pastor se trasladó a la Torre Vieja, una torre defensiva costera medieval de la que nada se conserva en la actualidad, y que se ubicaba en el entorno de las Eras de la Sal.
Según planos conservados, se trataba de una estructura de planta circular, similar a la Torre del Moro que vimos anteriormente, y levantada en bloques de piedra arenisca extraída de canteras cercanas a la zona. No sabemos con certeza el estado de conservación en el que se encontraba en aquella época, pero, lo cierto es que, tras el fuerte terremoto del año 1829 quedó prácticamente destruida y sus sillares fueron utilizados, años después, para la construcción de la iglesia parroquial.

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