“Anaglifo” y “Videoclub 2001” resultan vencedores en una exitosa edición de Torrevieja Audiovisual

Foto de grupo en el escenario con el público al fondo durante el festival Torrevieja Audiovisual.

El Festival Nacional de Cortometrajes Torrevieja Audiovisual ha llegado a su fin, pero “las películas terminan, el cine no acaba nunca”. Precisamente ese espíritu de permanencia y esa pasión por el séptimo arte son los que ha conseguido transmitir Lidiana Rodríguez al frente de un festival que, edición tras edición, pone en valor el talento nacional y, especialmente, el talento local.

“Anaglifo” and “Videoclub 2001” have won the animation and fiction awards at Torrevieja Audiovisual. The festival also showcased local filmmaking talent, including María Lorenzo and Lucía Samper. Read on for the screenings, awards and highlights of this edition.

La primera sesión del festival arrancó el pasado viernes con las butacas llenas. Siete obras llegaron a la pantalla, cuatro de ficción y tres de animación, con propuestas y técnicas muy diferentes, pero con un denominador común: historias capaces de emocionar y conectar con el público, que respondió con una gran ovación al finalizar las proyecciones.

Uno de los estrenos fue “Habanera”, de la torrevejense María Lorenzo

Los trabajos seleccionados fueron África S.A., de Eva Gamallo; Fast Rats, de Anna Juesas; Normal, de Verónica Bascuñana y Eva Romero; Habanera, de la torrevejense María Lorenzo; Desagradecido, de Iñaki Rikarte y Aitor de Kintana; Goma, de Júlia Francino, y Trece gatos, de David Gaspar.

En esta gala, la directora del festival quiso tener además un gesto especial de reconocimiento hacia Juan Carlos García, de Orecam Imagen y Sonido, por su fidelidad, profesionalidad y buen hacer junto al festival.

Tras esta gala inaugural llegó el momento de la clausura y la entrega de premios. Si la primera jornada estuvo marcada por la emoción, la del sábado consiguió elevarla todavía más. El trabajo que existe detrás de un proyecto como Torrevieja Audiovisual quedó reflejado en las palabras de su directora, Lidiana Rodríguez, y del alcalde de Torrevieja, Eduardo Dolón, quienes hicieron un recorrido por las once ediciones del festival y destacaron el crecimiento de una iniciativa que continúa atrayendo a un público respetuoso, entregado y amante del cine.

A las galas también asistieron el concejal de Cultura, Antonio Quesada, y otros representantes de la corporación municipal, entre ellos Federico Alarcón, Concha Sala, Ricardo Recuero y Gitte Lund, que acompañaron al festival en una noche dedicada a reconocer el trabajo de cineastas y creadores.

“Salitre”, de Lucía Samper, caló entre los asistentes a su estreno

El primer cortometraje proyectado durante la clausura fue Salitre, de la torrevejense Lucía Samper. Su historia sobre los artesanos salineros consiguió calar profundamente entre los asistentes, que despidieron la proyección entre aplausos y lágrimas. Como la propia sal, la obra de la joven cineasta se convierte así en un elemento capaz de conservar en la memoria a quienes han formado parte de la historia de Torrevieja a través de su trabajo en la artesanía salinera.

“Anaglifo” y “Videoclub 2001”, premios de animación y ficción

Después llegó el turno de la cineasta Valle Campo y Anaglifo, un cortometraje que aborda la ansiedad y que terminó llevándose el premio al Mejor Cortometraje de Animación, entregado por los miembros del jurado José Manuel Álvarez y Óscar Toribio.

La clausura continuó con un homenaje al cine y a quienes sienten verdadera pasión por él. Videoclub 2001, de Guillermo Polo, fue también un viaje nostálgico hacia aquellas formas de relacionarnos, encontrarnos y compartir cultura que hoy parecen pertenecer a otro tiempo. Así lo explicó su propio creador durante la recogida del premio al Mejor Cortometraje de Ficción, que recibió de manos de los miembros del jurado Meka Ribera y Roo Castillo.

Videoclub 2001, que inevitablemente evoca al ya desaparecido Videoclub 2000, tan presente en el recuerdo de los torrevejenses como señalaba la propia Lidiana Rodríguez, no fue únicamente el cortometraje ganador y encargado de cerrar el festival. Fue también una invitación a reflexionar sobre un mundo saturado de estímulos que no siempre aportan algo frente al poder transformador del cine, capaz de convertirse, como decía el propio relato, en una medicina con un tratamiento para cada dolencia.

Pero abandonemos por un momento la nostalgia que, citando La gran belleza de Paolo Sorrentino, “es para aquellos que no tienen fe en el futuro”. Tengamos fe en él y confiemos en proyectos como Torrevieja Audiovisual, que año tras año siguen acercando al público nuevas historias y cineastas, demostrando que el cine está más vivo que nunca.

Porque quizá ese sea el verdadero triunfo de un festival como este: conseguir que salgamos del teatro siendo, aunque sea un poco, diferentes a como entramos.

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