En Dos cabalgan juntos (1961), John Ford puso la cámara enfocando a James Stewart y Richard Widmark y les hizo decir toda su escena, de varios minutos, sin un solo corte, ni plano contra plano, ni el más leve movimiento. Solo la cámara fija, los dos actores y su diálogo. Puro cine.
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Cuando pasas un virus del estómago y a la mañana siguiente, tras descansar por fin, ya libre de dolores y molestias, tomas una buena taza de café y sonríes: el mundo vuelve a estar en armonía.
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Normalmente voy por las mismas calles y a los mismos sitios. De casa al trabajo y del trabajo a casa, como se suele decir. Un día, sin pensarlo mucho, cambio el trayecto y tomo otra calle. Esa decisión hace que todo parezca distinto: los edificios, las personas con las que me encuentro, dónde están los pasos de cebra en los cruces. Una ciudad distinta justo en la calle de al lado.
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Con la llegada de octubre llega también la nueva temporada de Radio Clásica. Ahora sí podemos decir que comienza de verdad la cotidianidad.
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Lo peor de las decepciones es el terrible vacío que dejan cuando despiertas a la mañana siguiente.
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Procesión extraordinaria de San Juan Evangelista, en la conmemoración de sus 75 años de historia. Avanzando con su palma por las calles de la ciudad. Y en el altar situado en la calle Concepción, la antigua imagen, la que atravesó las calles de antaño en el viejo pueblo salinero. Libro abierto: En el principio…
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Ver crecer a los pequeños de la familia es el mejor espejo en el que podemos mirar cómo nosotros nos hacemos cada vez más mayores también.
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Llevo toda la semana leyendo la poesía de Antonio Colinas, un autor que cada vez me gusta más, con el que siento que comparto unas ciertas intimidades, unas determinadas confidencias. El poeta mediterráneo y el poeta isleño; el poeta de la naturaleza y el poeta místico; el poeta leonés y el poeta oriental; el poeta sensual y el poeta sapiencial. Todos esos poetas se dan la mano, armoniosamente, en unos versos que se instalan en la memoria-alma para siempre, como esa imagen de los encinares bañados con la luz del otoño. Algunos de sus títulos son ya un poema o una narración propiamente, sin necesidad de seguir leyendo lo que viene a continuación: “Giacomo Casanova acepta el cargo de bibliotecario que le ofrece, en Bohemia, el conde de Waldstein” o “A la salida del campamento la calzada cruza un desfiladero” o “Juan de la Cruz sestea en el pinar de Almorox”. Títulos que contienen en su interior todo un mundo.
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Quieren que pierdas el nombre, la individualidad. Que te disuelvas, como una pastilla efervescente, en la gran masa social. Luego te dirán que ellos trabajan por el bien de esa gran masa, a la que llaman mayoría. Y tú, que has perdido tu individualidad, ya no podrás reaccionar. Llevan haciéndolo durante los últimos siglos, no es nada nuevo. Ya lo dijeron Ortega y Gasset, George Steiner, José Jiménez Lozano y otros avisadores, a los que no hicimos caso. Sigue la tormenta y sigue la noche. Y sigue el vigía buscando la luz de algún faro.
Marco Antonio Torres Mazón
