Cuando era pequeño recuerdo que íbamos, mi hermana G. y yo, con mi madre a coger piedras y conchas a la playa. Era invierno y la sensación de soledad y frio, del sonido del mar puro, no interferido por otros sonidos o por otras presencias, me dejaba ensimismado. Me encantaba (literalmente) escuchar las olas llegar a la orilla y morir en una sopa de espuma y fijar mi mirada en la delgada línea del horizonte.
A veces regreso a ese recuerdo y me quedo un rato observándome, mirando a ese pequeño niño introvertido y algo despistado echar las piedras más bonitas en un cubo que, más tarde, en la soledad de su habitación, mirará con más tranquilidad y sosiego, disfrutando de su tacto liso y frío.
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Hace unos meses cerró la librería Pynchon & Co. en Alicante. Ahora me llega la noticia del inminente cierre de Fnac Alicante. En su lugar pondrán…un gimnasio. Cualquier comentario que haga es ocioso y puede ser mal interpretado.
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La lectura de ciertas novelas me recuerda la razón por la que no leo ciertas novelas. Otras novelas, en cambio, me animan a seguir leyendo otras novelas.
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En el instituto, creo recordar que en tercero de BUP, el profesor de inglés organizó un intercambio epistolar con institutos de alguna ciudad norteamericana. Era voluntario. Me presenté y me tocó una chica, con la que mantuve una animada correspondencia durante todo ese año. Yo en mi justito inglés y ella en un más que fluido español. No recuerdo su nombre ni su ciudad. Sí que era una buena lectora y que le gustaba, igual que a mí, Bob Dylan. Hoy, mientras conducía a casa y sonaba una dulce versión de A Hard Rain´s a-Gonna Fall, he pensado en ella.
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De la situación en el mundo en este inicio de año, invierno de 2026, hay poco que decir: todo sigue igual…de mal.
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Desde el comedor de la casa de mi madre escucho, al amanecer, el evocador coro de las gaviotas. También la campana de la torre de la iglesia. Las gaviotas y las campanas: sonidos de pueblo; del pueblo que fue y que ya no será. No me atrevo a mirar por la ventana. Prefiero seguir escuchando la dulce melodía que me llega de fuera, la de un tiempo anclado en mi memoria y en mis recuerdos.
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Leo un libro de Xuan Bello titulado La nieve y otros complementos circunstanciales. Tiene unas páginas preciosas sobre el otoño. Es entonces cuando recuerdo que estamos en invierno y que este es, precisamente, su cuaderno. No puedo evitar sonreír.

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