Ellos se encargan de decidir qué es noticia y qué no; qué aparecerá fugazmente (o ni eso) en el periódico o en el telediario y qué estará semanas de manera machacona. Y es en esa “elección” donde se produce la gran manipulación.
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La biografía espiritual que ha escrito Holly Ordway sobre Tolkien es ciertamente muy interesante. El retrato de la intimidad de un creyente, de un católico viviendo su fe con naturalidad, como decía Julián Marías. Su profunda devoción a la Virgen, por ejemplo, está retratada de una manera sincera en un capítulo maravilloso del libro. Su encuentro y amistad con ciertos sacerdotes, con su mujer, el nacimiento de sus hijos y su educación en la fe católica, su relación, fundamental, con C.S. Lewis. Y, además, el libro viene acompañado de algunas fotografías muy bien seleccionadas, como los oratorios y capillas donde Tolkien solía ir a misa o adorar al Santísimo Sacramento. Un libro, en definitiva, que pone el acento en el eje fundamental de la vida y del pensamiento de un autor cada vez más central para entender muchas cosas.
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Esos mediodías calurosos en los que el verano parece que se resiste a dejarnos.
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Uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, al margen de lo que hagan los demás. Como Gary Cooper en Solo ante el peligro. Eso define lo que somos. Y lo que son los demás, claro.
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Ha muerto Antonio Rivero Taravillo. Poeta, traductor, novelista, biógrafo. Lo seguía por redes sociales desde hace muchos años. Tengo algunos de sus libros. También de sus excelentes traducciones, como el Diario de un viaje a las Hébridas con Samuel Johnson, de James Boswell, uno de mis libros favoritos. Era, además, un fordiano de pro y un profundo conocedor de la cultura irlandesa. Frente a tanto escritor sobrevalorado que llena las estanterías de las librerías, Antonio Rivero Taravillo es un escritor que perdurará. En momentos así lo mejor es el silencio…y mi oración.
Abro el cuaderno y anoto un haiku improvisado como pequeño homenaje:
Puerta cerrada
como en una de Ford:
print the legend.
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Viernes de vino y rosas…y buena compañía.
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Misa de acción de gracias de la cofradía de la Esperanza. Con ella se cierra, de alguna manera, un acto como es debido: con agradecimiento. Sencillez y sinceridad en una ceremonia llena de pequeños detalles.
Al día siguiente, domingo, me despierto temprano y me pongo a escribir un rato. Son las mejores horas del día, las que me pillan descansado y con las ideas frescas. Los dedos se desplazan seguros sobre el teclado, la luz entra pausada por la ventana, la música suave de una cantata de Bach armoniza el instante. Las palabras van saliendo, unas tras otras, y quedando enmarcadas en el virtual folio en blanco. Palabras. Ellas nos definen casi tanto como nuestros silencios.
Marco Antonio Torres Mazón
