Notas de un diario: Buena provisión

​Pasando unas notas del año 2020 al ordenador me encuentro que durante los meses de mayo y junio leía en esos días a Horacio. Y tengo subrayada una cita, de la epístola 18, que dice así: “Tenga buena provisión de libros y de comida para el año y no esté a merced del capricho de la dudosa hora”. (La traducción es de Horacio Silvestre).  Es una cita preciosa que podría competir en justa fama con la de Cicerón sobre la biblioteca y el jardín. 

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​“Toda la obra de Kierkegaard es una oración”, anota Rosa Chacel en Alcancía, Ida, el primero de sus diarios. Es posible. Y más adelante apunta otra idea: el hombre entra en el cristianismo por la Caridad. Cierto. Y por la Gracia. 

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​Que en muchos aspectos estamos ante un colapso civilizatorio me parece más que evidente. Que no es la primera vez que esto sucede es otro asunto.

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​En el 96 cumpleaños de Clint Eastwood se anuncia, por parte de su hijo, su retirada del cine. Un director clásico en la acepción del aforismo de Juan Ramón Jiménez. “Actual; es decir, clásico; es decir, eterno”. Personalidad muy fuerte y con las cosas muy claras, tanto en lo moral como en la forma de hacer cine; lo que, en el fondo, viene a ser lo mismo. Como John Ford (la comparación es obvia pero obligada) logra sacar poesía por medio de las imágenes con una sencillez pasmosa. Una sencillez esforzada y calculada. 

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​Los duelos no se pasan nunca. La pérdida de alguien es para siempre. Y así debe ser. (Hablo de esta vida de ahora, por supuesto)

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​Con la visita del papa León XIV a nuestro país sucede lo de siempre: que lo hay más papistas que el propio papa y los hay que se rasgan las vestiduras ante cualquier cosa. Afortunadamente también hay quien abre los ojos y los oídos para poder ver y escuchar todo lo que de su visita y su magisterio se desprende. Mucho que rezar. Luz.

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​El sonido de un grillo me transporta a los veranos de mi infancia.

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Releo estos días a Antonio Machado. La edición de Cátedra de Campos de Castilla, con la imagen de Joaquín Pacheco en la portada. Es uno de los primeros libros “de mayor” que compré y leí. Debía tener 12 años y D. Rafael nos había hablado de algunos poemas en clase, sobre todo los que describían el paisaje soriano, con el rio Duero como protagonista. Me gustó tanto que fui a la librería y compré el libro, busqué y señalé los poemas (ya me aficioné entonces a anotar y subrayar en los márgenes), y luego leí otros que no habíamos visto en clase. En seguida me percaté de que aquello era mucho más que lo que cantaba Serrat, que además se comía muchos versos de los poemas, a veces los mejores. Lo que me impresionaba (lo que me sigue impresionando ahora, en esta nueva lectura) es la perfecta descripción del paisaje, la palabra exacta y adecuada, y cómo ese paisaje era, finalmente, la descripción de un estado de ánimo…del ánima del poeta y del lector, es decir, del joven que compró ese libro con 12 años y sintió que algo florecía dentro.

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​Corpus Christi:

​La mirada al suelo

​soñando juncos.

​Marco Antonio Torres Mazón