Notas de un diario. De los libros voluminosos para el tiempo estival

Libro El viaje pendular de Cristóbal Serra como lectura estival

Dejarse arrastrar por la corriente

Si dejarse arrastrar por la corriente, por los acontecimientos, es tan fácil (y muchas veces tan placentero), ¿por qué entonces nos resistimos tanto?

Los libros que marcan un verano

Entre las lecturas que suelo hacer cada verano, hay siempre un libro de grandes dimensiones que en cierto modo marca la pauta y pone la etiqueta a esa temporada estival. Creo que esa costumbre comenzó cuando mi padre me insistió para que leyera los dos tomos de Los miserables, de Víctor Hugo. Tenía yo 15 o 16 años, no recuerdo, quizá incluso 14. Lo que sí que no he olvidado es la sensación de estar acompañado todo ese verano por uno de los tomos de tapas blancas (crema, realmente) de Círculo de Lectores. Fue el verano en el que también hicimos un precioso viaje por la zona de Ciudad Real, Manzanares del Río, Toboso, las lagunas de Ruidera, Almagro. Y allí que iba yo con mi tomo correspondiente (en el viaje creo que ya llevaba el segundo, pues los protagonistas del libro estaban ya viviendo los días de la Comuna de París) a todas partes, para aprovechar la más mínima ocasión de descanso y así poder continuar leyendo un rato.

Dickens, Tolstoi, Pasternak y otros veranos

Luego, ya en otros veranos, llegaron otros libros voluminosos, tochos, ochomiles. Dickens, por ejemplo, ha tenido varios veranos (con Oliver Twist, con Los papeles póstumos del Club Pickwick), así como Tolstoi (Ana Karenina, ya que Guerra y paz tuvo su invierno), Pasternak (y su Doctor Zhivago).

Posteriormente he tenido veranos cervantinos y veranos johnsonianos. También enganché algunos veranos en las que descubrí al autor turco Orhan Pamuk y sus novelas llenaros mis días de estío. La primera novela suya que leí, en pleno agosto, fue curiosamente la titulada Nieve.

En los últimos veranos he leído mucho a José Carlos Llop y a Álvaro Mutis.

El viaje pendular, lectura mediterránea

Y llegamos a este verano del año 2026, donde el libro elegido (suponiendo que seamos los que elegimos los libros y no al revés, cosa que será lo más probable: que los libros nos elijan a nosotros) lleva por título El viaje pendular, un grueso tomo que esconde varias obras del escritor Cristóbal Serra, de las que ya les iré contando algunas cosas. Por el momento puedo decir que estoy disfrutando mucho con su Diario de signos, una suerte de memorias o diarios de sus años en la zona de Andratx. Una lectura mediterránea perfecta para estos días.

Acompañar y compasión

“Acompañar” y “compasión”, qué hermosas palabras.

Las imágenes del terremoto de Venezuela vuelven a estremecernos. Tantas veces vistas en otros terremotos y, sin embargo, siempre nuevas. Un dolor presente.

Libros que llevan a otros libros

Me gusta mucho cuando un libro te lleva a otro y a otro y a otro. Como una cadena. Como las cerezas, que siempre arrastran alguna cuando las cogemos.

Veo en el verano de E. los veranos de mi infancia, de mi primera adolescencia.

Marco Antonio Torres Mazón

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