Notas de un diario. Segunda estrella

Foto desde la televisión de la celebración del Mundial de fútbol

Es curioso comprobar el modo en el que la red social genera, organiza y empaqueta nuestros recuerdos, con su pertinente etiqueta y todo: “Hace cuatro años”, “Tal día como hoy hace cinco años” o “Fotos similares”. La memoria como una mercancía más. Es el algoritmo el que te indica cómo y cuándo recordar y qué recordar en cada momento. 

Dicho lo anterior… ¿qué sentido tiene llevar un cuaderno, un diario? Más a contracorriente, desde luego, no se puede ir. O un álbum de fotos en soporte físico, para las largas tardes de un domingo otoñal. Resistir.

Veo la película La ballena (2022), de Darren Aronofsky. Magnífica. No logro comprender ciertas críticas que se le hicieron en su momento, pero hace ya mucho que dejé de interesarme por ciertas opiniones. Sobre todo, cuando cumplen la máxima de Ramón Gaya referente a algunos críticos: hablan de lo que no entienden. 

La cinta, en cualquier caso, no deja indiferente. Las escenas de Brendan Fraser levantando la mole de su cuerpo para incorporarse al andador parecen auténticamente las de un enorme cachalote emergiendo de las aguas como en un relato bíblico o en la obra maestra de Melville. 

Llego al hospital temprano, con el sol y el día recién estrenados, pare dejar unos análisis. El recuerdo de las visitas y cambios de turno cuando mi padre estaba ingresado es tan poderoso que me quedo parado un momento, incapaz de dar un paso más. Y ya son 14 años.

Pasan por televisión El crack, de José Luis Garci. Más allá de la trama y de los actores, esas imágenes de las calles y edificios de Madrid con la música de Jesús Gluck por las que vuelvo a quedar, después de tanto tiempo, hipnotizado.

En la terminal de un aeropuerto, la alegría de los que llegan; la felicidad de los que esperan.

Termino El viaje pendular, de Cristóbal Serra, y paso, en el mismo día, a Ratas en el jardín, uno de los diarios de Valentí Puig. Sigo, por tanto, en Mallorca. ¿Qué me atrae tanto en los últimos años, sobre todo en verano, para leer autores mallorquines o relacionados de alguna manera con la isla? A Serra y Puig podría añadir, sin duda, a José Carlos Llop, lectura casi fija en los meses de estío. Tan es así que suelo utilizar uno de sus libros de poesía predilectos para despedir definitivamente el verano y dar la bienvenida al otoño: Cuando acaba septiembre. O esa lectura, tiempo atrás, del Rey Jesús, de Robert Graves, quien vivió muchos años de Deià. 

Llega la final de la copa del mundo de futbol. España contra Argentina. El anhelo de volver a ser campeones me pilla con un libro de poemas de un autor argentino, Hugo Mujica, cuyos versos depurados y desnudos tanto evocan a los místicos castellanos. “A campo abierto, / ebrios de noche / y brisa / cada estrella / tiembla su luz, / cada humano / sueña su alba”. Y así, casi a medianoche, se terminó de bordar nuestra segunda estrella.

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