No recuerdo un verano, de los más o menos recientes, sin leer algo de José Carlos Llop. A falta de nuevo libro, vuelvo a Mediterráneos, su poesía reunida desde 2001 a 2021. Sus largos poemas de corte narrativo, llenos de evocaciones geográficas y literarias, me acompañan en estos días ya melancólicos de la estación. La Dádiva es uno de sus libros de poemas que prefiero, con esas alusiones a T.S. Eliot y a tantos otros autores. Cuando llego al libro titulado Cuando acaba septiembre, otro de mis favoritos, pongo el marcapáginas, cierro el volumen y lo dejo en la balda correspondiente, a la espera de que, efectivamente, llegue esa fecha y me ponga de nuevo con su relectura.
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Presentación en el Real Club Náutico del libro La nación sin autoestima. Lo mejor de todo, sin duda, es la posibilidad de hablar de ciertas cosas que a todos nos incumben con tranquilidad, sosiego y conocimiento. El “Ser de España” es uno de los grandes temas del pensamiento de los últimos siglos. Tenemos muy buenos libros de todo tipo y de toda inclinación. Yo creo que uno de los grandes autores que ha tratado este tema es Julián Marías. Toda su obra gira en torno a España, qué es y cómo comprender lo que es. Marías tuvo muy claro siempre, por eso me gusta tanto, que no se debe excluir a nadie de este debate, y que tan necesarios son En torno al casticismo, de Unamuno, como Defensa de la hispanidad, de Maeztu.
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Cuando un hijo se parece a uno mismo es un regalo, pero también una gran responsabilidad.
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Dejar pasar el tiempo: la mejor medicina.
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No hay nada más noble que esforzarse en ser un buen hombre. Un buen hombre, nada más y nada menos.
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Conversación en la piscina con mi amiga A. Repasamos nuestros recuerdos (nuestra vida) con la parsimoniosa naturalidad de la amistad verdadera.
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Cuando no tienes un buen día o cuando la tristeza se apodera de tu estado de ánimo, lo mejor es ver una vieja película clásica. Me pongo La salida de la luna, del maestro John Ford, y a los cinco minutos me reconcilio con la vida y con todo lo bueno y lo malo que contiene en su interior.
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Vamos a comer a la Manga y a estar con mi hermana G. y mis sobrinos, a los que hace tiempo que no vemos. Cada abrazo que les doy me llena de energía y de buen humor, como si recargara mi batería para los próximos meses. Ya de regreso, la atardecida adquiere una especial melancolía. Apenas me quedan un par de días de vacaciones y al mes de agosto tan solo una semana. En cierto modo el final de las vacaciones supone el final del verano, de mi verano. Vacaciones y verano son dos palabras que comienzan con la misma letra y terminan de la misma manera: con un lento atardecer.
Marco Antonio Torres Mazón
