Trabajar por debajo del mar. Así se ha recuperado el Muelle Mínguez

Vista aérea de las obras de recuperación del Muelle Mínguez en el puerto de Torrevieja.

Detrás de la imagen del muelle bañado de nuevo por el mar hay una obra de ingeniería poco común y miles de horas de trabajo de un equipo que ha devuelto a Torrevieja una parte de su historia.

El muelle Mínguez es uno de los orígenes del puerto de Torrevieja. Lo impulsó en 1874 Antonio Mínguez Sánchez, comerciante, armador y alcalde de la villa, al que todos conocían como «el Turbio», y durante décadas fue el gran muelle comercial de una Torrevieja que vivía de la sal y del mar. A finales de los años cincuenta los rellenos del puerto moderno lo enterraron bajo el asfalto y, con el tiempo, la ciudad se olvidó de que estaba ahí.

The historic Muelle Mínguez is returning to Torrevieja’s waterfront after a complex engineering project carried out below sea level. Discover how the sea was kept out for more than a year to recover an important part of the city’s maritime history.

La recuperación del muelle ha avanzado durante los últimos meses hasta volver a poner en contacto la histórica estructura con el mar. Vista Alegre ya informó de la llegada del agua al cantil del Muelle Mínguez durante el desarrollo de las obras.

Quien pasee hoy junto a él verá un muro de sillería bañado por el mar, un nuevo vaso de agua y una fuente, pero no todo lo que ha hecho falta para llegar hasta aquí. Para devolverle el mar al muelle, primero hubo que mantener el mar fuera durante más de un año.

Un terreno que no se dejaba secar

Bajo el asfalto aparecieron arenas firmes, capaces de sostener los nuevos muros, pero también bolsas de piedras de escollera que convertían el terreno en un auténtico colador. Con un bombeo convencional el agua entraba más rápido de lo que se podía sacar, así que la solución fue encerrar la zona de trabajo en un recinto estanco y secarlo desde dentro.

Un recinto de acero clavado en la costa

Ese recinto se hizo con tablestacas, unas chapas de acero de seis y ocho metros de largo que se clavan en el terreno por vibración, una junto a otra, hasta formar una pared continua frente al mar. Se colocaron más de 1.750 metros cuadrados. Las más altas se sujetaron con tirantes para que aguantasen el empuje mientras se excavaba.

Dentro se instaló un sistema de well-point, que para entenderlo es algo así como una red de pajitas clavadas en el suelo, una cada metro, conectadas a bombas de vacío que van chupando el agua sin parar, junto con ocho pozos con bombas sumergibles. Con cinco equipos funcionando a la vez, el nivel del agua se mantuvo por debajo del nivel del mar y se pudo excavar en seco hasta cerca de tres metros de profundidad junto al muelle histórico. Su traducción correcta es pozo y punto. En efecto vendría a ser como una sucesión de «pozos puntuales» alrededor de todo el perímetro, donde en cada punto se ubica una tubería en forma de lanza que es la que mantiene el espacio vacío de agua.

Mil millones de litros

Las bombas no se pararon desde junio de 2025 hasta el verano de 2026, cuando se dejó entrar el agua de forma definitiva. No hubo contador, pero los cálculos de la dirección de obra, hechos a partir de los equipos instalados y de los días de funcionamiento, sitúan el agua extraída en torno a un millón de metros cúbicos, unos mil millones de litros. Para hacerse una idea, es como vaciar unas 400 piscinas olímpicas, casi una cada día durante más de un año.

Hormigón pensado para vivir en el mar

Dentro del recinto se levantaron los nuevos muros y una losa de fondo capaz de aguantar el empuje del agua desde abajo, que es lo que ocurre cuando el vaso está lleno o cuando sube la marea. Se emplearon más de 1.000 metros cúbicos de un hormigón especial para ambiente marino y unas 83 toneladas de acero, y las armaduras de los muros se galvanizaron en caliente para protegerlas de la sal. El subsuelo guardaba incluso un antiguo depósito de combustible enterrado que hubo que cortar y retirar, y en total se sacaron casi 22.000 toneladas de tierras y materiales.

Construir sin tocar el muelle

La condición más exigente la ponía el propio muelle. Sus 105 metros de sillería de arenisca, con muros de hasta 3,5 metros de altura, no podían sufrir ni un rasguño. Allí donde las tablestacas se cruzaban con él, los arqueólogos numeraron los sillares uno a uno, los documentaron, los retiraron y, una vez hecha la estructura, los devolvieron a su sitio. Entre la obra nueva y la piedra antigua no hay ningún anclaje, solo una junta que separa las dos, y se ha reutilizado el 95 % de las piezas originales. La piedra nueva, una calcarenita de Hellín, solo se ha usado allí donde el original se había perdido.

La actuación parte del proyecto de recuperación del histórico Muelle Mínguez y remodelación de su entorno portuario, cuyas obras fueron adjudicadas para devolver este espacio histórico al frente marítimo de Torrevieja.

Y todo ello a la vez que se construía el centro de ocio Paseo del Mar, cuyos pilotes atravesaban el mismo espacio.

Un puerto modelado en BIM

Consultoría ipYdo, que ha formado parte de los trabajos, es una de las pocas ingenierías de España especialistas en la metodología BIM, y la obra se ha trabajado así desde el primer día. Antes de empezar se escanearon con láser más de 6.600 metros cuadrados del entorno y se construyó un modelo digital completo del muelle, que queda para el Ayuntamiento como herramienta para mantener este espacio durante toda su vida.

El proceso comenzó anteriormente con la aprobación de la redacción del proyecto para recuperar el Muelle Mínguez, paso previo a la ejecución de la actuación que ahora afronta su fase final.

El agua vuelve a entrar

El 3 de agosto de 2026, con los sillares ya en su sitio, se abrió paso al agua y el mar volvió a llegar hasta el pie del muelle. Una red de más de 500 metros de tuberías y válvulas renueva el agua del vaso para que no se quede estancada, y la fuente, de unos 16 metros, lanza chorros de hasta siete metros de altura con 82 proyectores que iluminan por la noche la piedra del siglo XIX. Todo el espacio se ha pensado para que cualquiera, desde los mayores hasta los más pequeños, pueda acercarse al muelle y disfrutarlo.

Miles de horas detrás de un muelle

Detrás de la recuperación del muelle Mínguez hay miles de horas de trabajo y noches sin dormir de un equipo de más de 40 profesionales entre proyecto, dirección y control de obra. El proyecto y la dirección los ha desarrollado Consultoría ipYdo, con el ingeniero industrial José Antonio Gómez Sales como coordinador del equipo y la ingeniera industrial Marta Forcada Cerdá como jefa de la Oficina Técnica de ipYdo, junto al ingeniero de caminos Miguel Ángel Crespo, de Guía Consultores, en estructuras, y el arquitecto Rubén Bodewig, de Escalar Arquitectura, en el diseño del espacio público. La arqueología y la restauración de la piedra han corrido a cargo de ARPA Patrimonio, con José Ramón Ortega al frente. Y una parte fundamental de ese equipo han sido los técnicos municipales, Francisco Manuel Moreno Juárez y Francisco Javier García Sánchez, que han estado a pie de obra desde el primer día en comunicación constante con la dirección y que han sido parte activa de cada decisión. Una actuación que nació de la mano del entonces director general de Urbanismo, el arquitecto Víctor Manuel Costa Mazón.

El resultado es un espacio que suma valor humano, técnico, histórico y, por qué no, también turístico. Un muelle que levantó un alcalde, Antonio Mínguez, y que ahora recupera otro, Eduardo Dolón Sánchez. Durante casi setenta años sostuvo en silencio el suelo que pisaban los torrevejenses, y hoy vuelve a estar a la vista, vuelve a estar mojado por el mar y vuelve a ser de todos.

La obra marítima del muelle (vaciados, losa de cimentación, muros de hormigón armado, restitución arqueológica y fuente ornamental e iluminación) está ya acabada al 100 %. Esta semana se ha podido ver el gran avance de su pavimentación superior y está a falta de la instalación de una barandilla perimetral.

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