Notas de un diario: verano, lecturas e insomnio

Vista del mar en verano desde la costa de Torrevieja

Notas de un diario. Verano

 

Revisitando, después de muchísimos años, la serie Twin Peaks. Disfrutándola mucho, incluso más que cuando era un adolescente que quería dedicar su vida al cine y a la escritura. En contra de la opinión popular, creo que la serie continúa siendo igual de buena cuando ya el misterio del asesinato de Laura Palmer ha quedado resuelto a mitad de la segunda temporada. Una vez que la serie ha quedado libre del enigma principal, alza el vuelo en otras direcciones y nos muestra a una enorme galería de personajes que tienen a su vez sus propios misterios que resolver. Y ese personaje protagonista, el agente especial Dale Cooper, con su encanto personal y su visión trascendente de la realidad que nos rodea. “Escucha a la otra parte”, dicen en un momento determinado citando a San Agustín. Y de eso trata la serie, al fin y al cabo.

Me tomo unos días de descanso. Pasear, leer, escribir, ver alguna película, estar con A. Dejar que el tiempo pase y nos pase, nos atraviese. Y sentirlo. Eso es descansar.

Leyendo uno de los diarios de Ignacio Gómez de Liaño, concretamente el titulado Instantáneas del tiempo, 1978-1979. Yo tenía un año cuando suceden los hechos que narra el autor. Es lo primero que pienso mientras leo. Son unos diarios muy en la línea de James Boswell, donde se recogen muchas conversaciones que tienen lugar durante cenas, comidas, encuentros, fiestas, tertulias. Con un nivel muy alto de detalle, lo cual demuestra que Gómez de Liaño tiene una capacidad de retención considerable. Desfila por estas páginas prácticamente toda la intelectualidad de esos años. También los más jóvenes de entonces, muchos de los cuales protagonizarían la Movida. 

Llega el verano. Noches de ventanas abiertas y humedad. Primer baño y primera lectura en una tumbona, impregnando el libro con el olor y el tacto de la crema solar.

Cada vez estoy más convencido de que todos estos textos y todas estas notas que semana tras semana, mes tras mes, año tras año, voy publicando en este semanario, deberán terminar en un libro, donde se podrá apreciar la narratividad que tienen en conjunto. 

Vuelve el insomnio. Es algo que me ha acompañado intermitentemente desde que era joven. Rezo, hago listas mentales de futuros libros, leo, escribo. Colecciono instantáneas y recuerdos. Recuerdo a mi padre y a mis abuelas. Los años de juventud. El despacho donde escribía y leía. Los hermosos rosales que plantaron mis padres en el chalet. Los atardeceres de verano paseando por las calles vacías de la urbanización. La ausencia de ruido.

 

Como cada año, la única hoguera en mi barrio, a dos calles de mi casa: lo suficiente como para que llegue, nítido, el sonido del bingo y de las actuaciones varias. Es ya una tradición dejar constancia en este cuaderno de mi anhelo, nunca conseguido, de silencio y tranquilidad.

Terminados los diarios de Gómez de Liaño con una cierta sensación de fatiga. Parece que el autor quisiera contarlo todo, lo interesante y lo que no lo es tanto. Creo que me gustan más esos diarios que cuentan sólo unas determinadas cosas, quizás más impresionistas, como los de José Carlos Llop o los de Valentí Puig. ¿Se puede contar una vida hasta el más mínimo detalle? ¿Se debe hacer así?

Marco Antonio Torres Mazón