Entrevista con Mari Carmen Lavesa, autora de “La última clase”

Mari Carmen Lavesa, autora de la novela “La última clase”, durante la entrevista con Vista Alegre.

“Escribir no es solo mi vocación, es mi forma de entender el mundo”.

Tras la presentación de la novela “La última clase” hemos querido conocer más detalles del libro y también las opiniones de su autora, nuestra compañera, Mari Carmen Lavesa Corral.

VISTA ALEGRE – ¿Cómo surgió la idea de escribir «La última clase»?

MARI CARMEN LAVESA – Surge de la necesidad de comprender dos cambios repentinos. Por un lado, la frustración al volver a las herramientas digitales tras cinco años inactiva y descubrir la irrupción masiva de la inteligencia artificial: esa ansiedad de sentir que debes entender lo que ocurre para no quedarte atrás.

Mari Carmen Lavesa talks about “La última clase”, a novel born from personal change, digital transformation and the rapid rise of artificial intelligence, and reflects on education, technology and the importance of critical thinking.

Por otro lado, coincidió con el diagnóstico de un microinfarto lacunar crónico en el caudado derecho. Es una lesión pequeña, pero que ralentiza temporalmente el procesamiento de la información y la organización.

Al investigar cómo las redes neuronales de la IA reorganizan sus datos para seguir funcionando, comprendí que el cerebro humano hace exactamente lo mismo mediante la neuroplasticidad. La última clase nace de ese punto de encuentro: la necesidad personal de adaptar la mente a una nueva realidad y el reto colectivo de adaptarnos a la era de la inteligencia artificial.

La presentación de la novela ya situó a su autora y a su obra en la actualidad cultural de la ciudad, como recogió Vista Alegre en la información sobre Mari Carmen Lavesa y “La última clase”.

La acogida de “La última clase”

V.A. – Gracias a la publicación del libro has vuelto a estar en el disparadero de medios locales y, sobre todo, de cultura en otros lugares. ¿Cómo te sientes?

M.C.L. – Me siento muy feliz y agradecida por la maravillosa acogida de los compañeros y de los lectores. Es emocionante ver cómo la novela conecta con los más jóvenes, despertando su curiosidad sobre lo que descubren en la historia, y también con los padres, que comparten esa misma inquietud ante la aceleración de las nuevas tecnologías.

Para mí, comprobar cómo la lectura sirve de puente para reflexionar juntos sobre nuestra relación con las pantallas hace que todo el esfuerzo valga la pena. Además, me llena de ilusión estar preparando la segunda parte de este proyecto: llevar el libro a los institutos como una herramienta cercana para dialogar con los alumnos sobre la dependencia digital y ayudarles a desarrollar ese pensamiento crítico tan necesario para no ser abducidos por la IA.

V.A. – Este es un libro que ha nacido con vocación de servicio a la sociedad y a los jóvenes que en unos años serán los adultos del mañana. ¿Cómo los ves?

M.C.L. – Los veo en un escenario muy complejo por la velocidad a la que va todo. Ahora que entiendo mejor cómo funciona el cerebro, me preocupa mucho su desarrollo cognitivo, especialmente cuando veo que apenas se usa el bolígrafo para escribir.

El lóbulo prefrontal, donde se gestionan las emociones, la comprensión y el pensamiento crítico, no termina de madurar hasta pasados los veinte años. Si trasladamos el esfuerzo mental a la tecnología sin aprender a usar la inteligencia artificial con criterio, corremos el riesgo de frenar ese desarrollo tan importante para el aprendizaje. Es como si hiciéramos un gran trabajo con la mente, pero al final se nos olvidara darle al botón de “guardar como”.

V.A. – ¿Ha sido un poco como volver a las aulas para ti?

M.C.L. – ¡Mucho mejor! Porque tengo la oportunidad de volver a estudiar y aprender contando con la experiencia de los años, algo que me ha permitido desarrollar una vocación profesional muy bonita. Ahora disfruto enormemente del aprendizaje, pero sin la presión de tener que enseñarles las notas a mis padres (ja, ja). Para mí, estudiar y escribir es la mejor terapia posible.

Inteligencia artificial, educación y pensamiento crítico

V.A. – La inteligencia artificial está planeando en buena parte de los capítulos del libro. ¿Cómo crees que la IA puede ser más beneficiosa para todos?

M.C.L. – De la misma forma que ocurre con cualquier herramienta: tienes que entender para qué sirve y aprender a manejarla. Si tienes una sierra de calar, no solo debes saber usarla, sino también qué quieres construir. Y una vez que haces los cortes con la máquina, te toca a ti pulir y ensamblar las piezas.

Pues con la IA pasa exactamente lo mismo. No se trata de delegarle todo simplemente porque parezca mágica. Debemos saber qué pedirle, cómo utilizarla y revisar siempre el resultado que nos ofrece según nuestro objetivo. El pulido final, la coherencia y la última decisión sobre ese trabajo deben llevar siempre nuestro propio sello y forma de pensar.

V.A. – ¿Cuántas cosas se han hecho realidad del libro desde que fue escrito?

M.C.L. – Asusta un poco ver lo rápido que la realidad alcanza a la ficción. Cuando escribí la novela, planteé escenarios sobre la integración de la IA y la dependencia digital que parecían un futuro lejano, y hoy son debates de absoluta actualidad sobre cómo interactuamos con la tecnología en las aulas. El verdadero reto ahora es cómo adaptar la educación a esa nueva realidad que ya nos ha alcanzado.

Pero lo que más vértigo da es ver cómo nos acercamos a la idea de esos implantes o dispositivos pensados para conectarnos directamente a la productividad sin dejarnos tiempo para asimilar lo que hacemos. Más que predecir el futuro, el libro ha terminado siendo un espejo de esa velocidad con la que la realidad supera casi cualquier ficción.

V.A. – Estarán surgiendo algunas reacciones de adultos y jóvenes tras la lectura de la novela. ¿Cuáles destacarías?

M.C.L. – Todas son muy de agradecer, pero quizás destacaría las de aquellos padres que han leído la novela junto a sus hijos y han reflexionado a partir de ella. Educar requiere, antes que nada, pararnos a pensar si aquello que intentamos transmitir lo tenemos realmente integrado en nosotros mismos. A mí me quedan aún muchas lecciones que aprender del feedback que me sigue llegando con esta historia.

Escribir como vocación

V.A. – ¿La creación de este libro ha sido como cumplir un sueño para ti?

M.C.L. – Ha sido mucho más que eso. Ha sido un reto personal, un proceso de sanación y la confirmación de que escribir sigue siendo mi mayor vocación. Más que cumplir un sueño, este libro me ha demostrado que siempre es posible reinventarse, aprender y convertir una dificultad en una oportunidad para aportar algo útil a los demás. Ver que hoy sirve para abrir conversaciones en las familias y en las aulas es la mayor recompensa que podía imaginar cuando comencé a escribirlo.

V.A. – ¿Seguirás en la senda de escritora?

M.C.L. – Sin dudarlo. Es algo que va mucho más allá del posible éxito, aunque si este llega, bienvenido sea. Desde muy pequeña jugaba a ser la intrépida reportera Mary Noticias que leía en los tebeos, y hoy tengo la suerte de disfrutar contando las historias que se me ocurren, independientemente de que llegue a publicar todo lo que escribo.

Escribir no es solo mi vocación, es mi forma de entender el mundo y mantener entretenida la mente. El papel siempre ofrece la paciencia y el espacio que las palabras habladas raras veces permiten. Al escribir, mi mente no solo descarga pensamientos: me permite organizarlos, pulirlos y darles una forma precisa que, en una conversación normal, al menos en mi caso, no logro sostener.

Para mí, la escritura es una herramienta que ahora puedo utilizar de forma artesanal. Se ha convertido en el lenguaje principal con el que proceso la realidad, donde cada frase escrita es un paso más hacia el compendio de todo lo que llevo dentro.

¡Así que puedo adelantarte que la segunda parte de la novela ya se está gestando! ¿Alguien se anima a presagiar qué les va a pasar a los hermanos Serrano en la próxima entrega?

Vista Alegre también ha recogido otras novedades editoriales y entrevistas relacionadas con autores y libros, como la obra de Rafael Núñez “Nación sin autoestima” y las reflexiones literarias reunidas en “Notas de diario: libros voluminosos y tiempo estival”.

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