Cuaderno de invierno II: Recuerdos y piedras de tacto liso y frío

Poste de luz con un pájaro solitario sobre el cable, en un cielo nublado de invierno. Imagen contemplativa que acompaña la columna “Cuaderno de invierno II” de Marco Antonio Torres Mazón, evocando recuerdos, melancolía y la quietud del invierno en Torrevieja.

Cuando era pequeño recuerdo que íbamos, mi hermana G. y yo, con mi madre a coger piedras y conchas a la playa. Era invierno y la sensación de soledad y frio, del sonido del mar puro, no interferido por otros sonidos o por otras presencias, me dejaba ensimismado. Me encantaba (literalmente) escuchar las olas llegar a la orilla y morir en una sopa de espuma y fijar mi mirada en la delgada línea del horizonte.

A veces regreso a ese recuerdo y me quedo un rato observándome, mirando a ese pequeño niño introvertido y algo despistado echar las piedras más bonitas en un cubo que, más tarde, en la soledad de su habitación, mirará con más tranquilidad y sosiego, disfrutando de su tacto liso y frío.

Hace unos meses cerró la librería Pynchon & Co. en Alicante. Ahora me llega la noticia del inminente cierre de Fnac Alicante. En su lugar pondrán…un gimnasio. Cualquier comentario que haga es ocioso y puede ser mal interpretado.

La lectura de ciertas novelas me recuerda la razón por la que no leo ciertas novelas. Otras novelas, en cambio, me animan a seguir leyendo otras novelas.

En el instituto, creo recordar que en tercero de BUP, el profesor de inglés organizó un intercambio epistolar con institutos de alguna ciudad norteamericana. Era voluntario. Me presenté y me tocó una chica, con la que mantuve una animada correspondencia durante todo ese año. Yo en mi justito inglés y ella en un más que fluido español. No recuerdo su nombre ni su ciudad. Sí que era una buena lectora y que le gustaba, igual que a mí, Bob Dylan. Hoy, mientras conducía a casa y sonaba una dulce versión de A Hard Rain´s a-Gonna Fall, he pensado en ella.

De la situación en el mundo en este inicio de año, invierno de 2026, hay poco que decir: todo sigue igual…de mal.

Desde el comedor de la casa de mi madre escucho, al amanecer, el evocador coro de las gaviotas. También la campana de la torre de la  iglesia. Las gaviotas y las campanas: sonidos de pueblo; del pueblo que fue y que ya no será. No me atrevo a mirar por la ventana. Prefiero seguir escuchando la dulce melodía que me llega de fuera, la de un tiempo anclado en mi memoria y en mis recuerdos.

Leo un libro de Xuan Bello titulado La nieve y otros complementos circunstanciales. Tiene unas páginas preciosas sobre el otoño. Es entonces cuando recuerdo que estamos en invierno y que este es, precisamente, su cuaderno. No puedo evitar sonreír. 

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