Cuaderno de otoño VIII: Los colores del otoño

Cuaderno de otoño VIII: Los colores del otoño

Sigo con cierto asombro toda la polémica entre el Instituto Cervantes y la RAE, disparada, sin demasiado sentido, por el director del primero, el poeta Luis García Montero. Y digo sin mucho sentido porque quien ostenta un cargo directamente a dedo y directamente dado por sus ideas políticas es él. GM fue designado justo tras la formación del actual gobierno, destituyendo por tanto al anterior presidente, el también poeta y crítico de arte Juan Manuel Bonet, que ocupaba el cargo con un grado mayor de consenso (al menos entre los intelectuales y expertos en la materia). En cualquier caso, el guantazo “literario” que Álvaro Pombo le ha dado a García Montero se ha escuchado en todo el país. Qué bueno es ser libre y no tener unas deudas que pagar demasiado evidentes. Cada uno, como siempre, pone su precio y hasta dónde está dispuesto a llegar con tal de conseguirlo. No hay más. 

Sorprendentes días de calor. Más de 30 grados a mediodía. A cambio, como para querer compensar semejante incordio, unos amaneceres y unos atardeceres de gran belleza y serenidad.

Las recetas de A. con calabaza llenan la casa de un dulce aroma que ningún ambientador puede superar. El verdadero otoño…a bocados.

Leyendo los diarios de Peter Handke, titulados El peso del mundo. Son anotaciones pertenecientes a los años 1975 a 1977 (año este último de mi nacimiento), Hay una cierta poesía en cada uno de los pensamientos escritos. También alguna frase o cita de sus lecturas, algunas de ellas españolas. Handke es un gran conocedor de nuestro país y de nuestra tradición literaria, a la que ha dedicado algunas de sus mejores páginas. San Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila o Fray Luis de León, por ejemplo, son autores bien conocidos por Handke, al igual que Soria o Aranjuez son territorios transitados por su escritura en algún que otro momento. 

Día entre amigos en una casa de campo. Música, conversaciones y ambiente relajado. A medida que avanza la tarde, el sol pinta de color rosa y naranja el cielo, en una progresión tranquila y placentera para la vista. 

La alegría de seguir conociendo gente con la que conectas desde el principio en gustos y, sobre todo, en valores. Gente de la que piensas: si te hubiera conocido antes, quizá tú y yo seríamos amigos inseparables. Nunca es tarde, eso es cierto. Son personas con las que sólo hace falta intercambiar dos o tres frases para darte cuenta de que, efectivamente, habláis el mismo idioma en todas las cosas importantes de la vida. 

Como la noche ya está a punto de llegar y el cielo no se aguanta de lo hermoso que está, me aparto un poco del grupo y saco un par de fotografías con el teléfono. Unas fotos que, como sucede con las personas que conocemos, no describen con verdadero acierto la gran belleza que atesoran en su interior.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no se publicará.