Cuaderno de otoño XIII: Una leve estela

Cuaderno de otoño XIII: Una leve estela

La extraña sensación de estar en la parte final de un proyecto en el que has estado trabajando dos largos años. Aquí se junta el cansancio con las ganas de terminar, de pasar página (literalmente) y descansar un poco. Al mismo tiempo, comienzas a sentirte huérfano de ese proyecto que también te ha dado algo: compañía en las noches de soledad en el despacho, escribiendo mientras escuchaba la tercera sinfonía de Górecki.

Un poco de lluvia al amanecer. El día no puede comenzar mejor.

Todo necesitamos (Su) luz.

Construir una casa con palabras, usando tan solo la escritura. Como Thoreau hizo su cabaña. Una casa como un hogar y también como un lugar para protegernos de la intemperie. Pero las palabras también nos hacen daño a veces, como un guijarro que tanto sirve para levantar una pared como para ser lanzado por una honda. Es el juego de la vida, el riesgo implícito a todo acto humano.

Comienzo el cuarto volumen de los Sermones de Newman. Como los anteriores lo dejaré en la mesilla de noche para ir leyéndolo poco a poco…con la misma tranquilidad con la que, semana tras semana, fueron escritos y compartidos con la asamblea de fieles.

No queremos cometer los errores de los demás y por eso cometemos nuestros propios errores.

No podemos controlar nuestra vida para evitar que en ella nos pasen cosas malas. Sabemos que habrá dolor, sufrimiento, tristeza. Pide fe para cuando eso llegue.

Saber perder no es lo mismo que conformarse con la derrota.

Primera vela de la corona de Adviento. Todo un camino que recorrer…toda una noche por iluminar. 

Todo camino implica el esfuerzo de caminar. Ningún sendero se recorre sólo con nuestro deseo. Desear no es suficiente, hay que dar el primer paso y el segundo y el tercero.

Sobre un cielo limpio de nubes y completamente azul, la leve estela de un avión dibuja una brecha en el lienzo.

Buscar el silencio para poder escucharnos. Parece una contradicción, pero resulta la raíz y la solución a muchos problemas. A menudo es el silencio lo que pretendemos evitar (los famosos “silencios incómodos”), aunque lo que no queremos es escuchar nuestra propia música interior, con todos sus instrumentos afinados y también desafinados. 

En cada uno de nosotros brilla la luz que termina con todas las noches del alma. Aunque es necesaria esa noche oscura del alma para que la luz sea percibida y nos ilumine.

Marco Antonio Torres Mazón