Cuaderno de primavera I: Devocionarios

Pila de libros

Hay libros que compro y los dejo en la estantería, sin leer, esperando a que llegue ese momento en el que me entran unas ganas terribles de leerlos. Me ha pasado, por ejemplo, con la correspondencia entre Stefan Zweig y Romain Rolland editada por Acantilado y que lleva por título: De un mundo a otro mundo. Correspondencia (1910-1918). Entiendo que es el primer volumen de otros que vendrán, pues en la edición francesa hay, al menos, dos volúmenes más. Pronto me doy cuenta, nada más comenzar la lectura, de que estoy ante un libro importante. Un libro que abarca toda la gestación y desarrollo de la Primera Guerra Mundial. Es la mirada de dos europeos de verdad; hombres de una cultura ya desaparecida. Pacifistas en medio de una contienda que esperaba sacar de ellos lo peor y, sin embargo, fue capaz de sacar lo mejor. Ambos, y alguno más, como Hermann Hesse, pagaron un alto precio por esta libertad de apostar por la paz.

“El amor no es siempre alegría”.
Diálogos de Carmelitas

Con los años hay una cosa que cada vez valoro más y que, además, no tiene precio: tener la conciencia tranquila.

De los sucesivos expurgos, reparticiones y pérdidas de la biblioteca de mis padres, hay unos libros que siempre he querido conservar cerca, los devocionarios y libros de oración. Son pequeños volúmenes que pertenecieron, algunos de ellos, a mi abuela Gertrudis y a mi padre, y otros que desconozco su procedencia familiar pero igualmente han ido decantándose hasta juntarse en una diminuta pila de rugosas encuadernaciones, papel biblia y cinta de lectura. Algunos, además, conservan en su interior antiguas estampas religiosas, normalmente con alguna oración en el reverso. Han sobrevivido a muchas mudanzas y se han ganado el derecho a una segunda vida plena de atenciones y cuidados. Son, además, ideales para un domingo por la tarde de esos en los que Samuel Johnson decía a James Boswell que solo leía libros piadosos y de teología. Visitas al Santísimo, por el Padre Cándido Arbeloa, S.J. (1953), Horas piadosas (1924), Ejercicios piadosos (1954), con una pegatina de la librería Nuestra Señora del Carmen, de Bilbao, Estación al Santísimo Sacramento (En verso) (1952), Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima, de San Alfonso María de Ligorio (1907), Libros que nos hablan de otros tiempos y de otras manos que los sostuvieron, de otras almas que los leyeron. Libros que era normal encontrar en muchos hogares…

“En estos tiempos se cae fácilmente en los extremos”, le dice Zweig a Rolland en carta del 17 de marzo de 1915. Y así estamos.

Gran emoción contenida en el pregón que la periodista Eva Fernández Huéscar realiza en la noche del sábado. Ya está la Semana Santa otra vez en marcha. Después, las conversaciones con mis amigos y compañeros de tantos años, de tantas vivencias juntos. Proyectos, ideas, debates…pero detrás, siempre, Él.

En la tarde del domingo, misa de Hermandad. Momento donde todo se comparte, comenzando por lo más importante, lo que dará sentido final a los días que vendrán: la Esperanza.

Marco Antonio Torres Mazón

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