Hubo un tiempo en que Torrevieja olía a sal, a pescado y a brea. Después llegaron los apartamentos, las madrugadoras sombrillas, los helados, las noches interminables y los carteles de «se alquila». Hoy llegan turistas de medio mundo. La historia turística de la ciudad es, en realidad, la historia de una transformación que todavía no ha terminado.
Torrevieja has changed from a salt-producing and fishing town into an international tourist city over the last seventy years.
Por Esperanza Hernández
Antes de los turistas estaba la sal
Conviene empezar por el principio, cuando Torrevieja todavía no era la ciudad turística que conocemos. El municipio nació ligado al mar, a la pesca, a la navegación y, sobre todo, a sus dos lagunas saladas. Durante generaciones, las salinas fueron mucho más que un paisaje: fueron trabajo, economía y una manera de entender la vida. La ciudad creció alrededor de ese universo blanco que todavía hoy constituye una de sus principales señas de identidad.
La creación del Certamen de Habaneras en 1955, con el impulso de Juan Aparicio y nutrido con uno de los aspectos característicos de la cultura torrevejense, puede considerarse como la mejor actividad promocional de Torrevieja después de la propia exportación de sal a todo el mundo. Pero lo cierto es que sal y habaneras estaban unidas en una combinación que lo hacía todo más atractivo.
Para ampliar ese origen, Vista Alegre ya recorrió la historia de las salinas y su relación con la identidad de Torrevieja, mucho antes de que el turismo transformara el municipio.
El cambio decisivo llegó en los años sesenta. El desarrollismo español encontró en el litoral mediterráneo un enorme escaparate y Torrevieja se subió a aquel tren. Los primeros extranjeros fueron principalmente suecos, atraídos por el clima y el paisaje; después llegaron británicos y alemanes. También comenzaron a llegar españoles deseosos de estrenar su propio verano junto al Mediterráneo.
Era la época en la que el ministro Manuel Fraga impulsaba desde el Gobierno la maquinaria turística española. En 1964 se popularizó incluso el llamado «menú turístico», símbolo de aquel país que descubría que el sol también podía convertirse en industria. Y mientras Paco Martínez Soria ironizaba en «El turismo es un gran invento» sobre la fiebre de convertir cualquier pueblo en destino turístico, en Torrevieja aquella película tenía algo de profecía.
Torrevieja no se convirtió simplemente en destino turístico: se convirtió en ciudad turística.
La segunda residencia como forma de vida
A diferencia de otros destinos mediterráneos, Torrevieja construyó buena parte de su modelo sobre la segunda residencia. No se trataba únicamente de levantar hoteles para alojar visitantes, sino de construir viviendas que pudieran ser utilizadas durante las vacaciones, los fines de semana o los meses de verano. Urbanizaciones, apartamentos y bloques junto al litoral fueron dibujando una ciudad nueva sobre la antigua. Torrevieja desarrolló un modelo que democratizó las posibilidades de turismo para todo el mundo.
Ese modelo explica todavía hoy buena parte de la personalidad de Torrevieja. Según el INE, el 69% de las viviendas del municipio son no principales. Es una cifra extraordinaria que ayuda a entender por qué resulta tan complicado responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuántos turistas recibe Torrevieja cada año? Lo cierto es que esas viviendas aparecen ocupadas en muchas épocas del año, incluso fuera de las fiestas y puentes habituales como Semana Santa.
El Plan Estratégico de Turismo aporta una aproximación: entre 2019 y julio de 2024 contabiliza 2.043.967 visitantes de 54 países en sus registros analizados, mientras que la serie de turistas alojados durante 2019-2024 suma 2.249.409. El propio documento advierte de que las segundas residencias distorsionan la fotografía estadística. En los años de mayor actividad se alcanzan, además, cifras cercanas al millón de visitantes anuales.
Los datos completos y la metodología pueden consultarse en el Plan Estratégico de Turismo 2025-2029 del Ayuntamiento de Torrevieja. Vista Alegre también recogió las principales líneas de este modelo de desarrollo turístico sostenible, competitivo e innovador.
De Las Cañas a las noches de KKO
El turismo también se mide con los recuerdos. Con las mesas llenas, las terrazas, las heladerías y aquellos locales que acabaron formando parte de la memoria sentimental de varias generaciones.
Restaurantes como Las Cañas acompañaron desde el principio aquella transformación turística. También lugares como el Bar La Marina, vinculado al puerto y a la tradición marinera desde siempre, o establecimientos como la Heladería Sirvent forman parte de ese paisaje gastronómico que convirtió salir a comer, tomar un helado o sentarse frente al mar en parte esencial de las vacaciones.
Y luego estaba la noche.
Durante los ochenta y, especialmente, los noventa, Torrevieja descubrió que el turismo no terminaba cuando se ponía el sol. La ciudad se llenó de pubs, terrazas y discotecas. KKO se convirtió en uno de los grandes nombres de la noche levantina y llegó a celebrar tres décadas de historia. Pachá Torrevieja, posteriormente reconvertida en otros conceptos como OZ, forma también parte de esa geografía nocturna que convirtió a la ciudad en destino para jóvenes durante los meses de verano.
Los 2000: una ciudad que ya no cabía en su postal
Con el cambio de siglo, Torrevieja dejó definitivamente de ser aquel pueblo que recibía visitantes en verano para convertirse en una ciudad de dimensiones muy distintas. La construcción residencial se multiplicó, las urbanizaciones se extendieron y el turismo internacional dejó de ser una excepción.
Hoy la radiografía es contundente. El Plan Estratégico señala que, en la serie analizada, el 72% de la demanda turística corresponde a visitantes internacionales y el 28% a nacionales. Entre los mercados extranjeros destacan Reino Unido, Suecia, Bélgica, Noruega, Alemania y Francia. Solo Reino Unido suma 407.481 turistas en la serie 2019-2024 y Suecia, 345.001.
El turismo español, por su parte, sigue teniendo un marcado carácter de proximidad: Comunitat Valenciana, Madrid, Murcia y Castilla-La Mancha son los principales mercados emisores nacionales, con especial peso de las segundas residencias.
Y no es un turismo exclusivamente joven. El perfil actual es mayoritariamente familiar y el grupo más destacado se sitúa entre 35 y 55 años, aunque crece con fuerza el turismo sénior internacional, especialmente fuera de los meses de verano.
De destino de verano a ciudad internacional
Torrevieja ha llegado al siglo XXI intentando quitarse de encima la etiqueta de destino exclusivamente de sol y playa. La naturaleza, las salinas, el deporte, la gastronomía, las habaneras y los acontecimientos culturales forman parte de una estrategia que busca que la ciudad tenga visitantes también en invierno.
FITUR se ha convertido en uno de los grandes escaparates de esa transformación. En 2026, Torrevieja presentó en Madrid su campaña «Torrevieja Way of Life», dirigida especialmente al mercado europeo y concebida para vender no solo playas, sino una manera de vivir. El Ayuntamiento asegura que actualmente más del 67% de sus visitantes son internacionales.
También hay dinero europeo detrás de ese cambio de rumbo. En 2022, la ciudad consiguió tres millones de euros de los fondos Next Generation para un Plan de Sostenibilidad Turística centrado en transición verde, eficiencia energética, digitalización y competitividad.
La aplicación de esta estrategia comenzó a concretarse en las primeras actuaciones del Plan de Sostenibilidad Turística de Torrevieja, dirigidas a modernizar el destino y reforzar la colaboración con el sector turístico local.
El nuevo huésped cabe en un teléfono
La última transformación tiene nombre propio: vivienda turística.
El modelo de segunda residencia, que durante décadas permitió que miles de familias tuvieran su pequeño refugio junto al Mediterráneo, se ha adaptado ahora a las plataformas digitales. Según los datos del INE recopilados para mayo de 2026, Torrevieja cuenta con 3.887 viviendas turísticas y 17.195 plazas, aunque la cifra ha descendido notablemente respecto a 2024 tras los cambios regulatorios.
Tampoco podemos olvidar que Torrevieja está consolidando cada vez más toda una industria de servicios y de atención al turismo que ha hecho que la ciudad se ponga al frente de la economía de la comarca de la Vega Baja.
Es, quizá, la gran paradoja de la Torrevieja actual: aquella segunda residencia que nació para pasar quince días de agosto puede convertirse hoy en un alojamiento para visitantes de cualquier parte del mundo.
Y aquí aparece la pregunta incómoda. ¿Hasta dónde puede crecer una ciudad turística sin dejar de ser una ciudad para quienes viven en ella?
Julio Anguita dejó una reflexión que resulta inevitable al mirar este paisaje: «España no tiene ningún futuro, sólo lo que dure el turismo». Estas palabras retumban en la cabeza de muchos torrevejenses que se han visto afectados por el precio de la vivienda y por la pérdida de su identidad en favor de las demandas turísticas.
Se hace necesario llegar a un equilibrio en el que cada vez más el crecimiento sostenible sea una realidad y, al mismo tiempo, se siga preservando la identidad de Torrevieja, que durante más de 70 años ha sido su mejor reclamo para todo aquel que ha querido conocerla.
Quizá el futuro de Torrevieja no consista solo en traer cada año más turistas, sino en conseguir que el turismo deje más ciudad después de marcharse. Porque Torrevieja ya sabe atraer. Lo ha hecho durante más de medio siglo.
