Con todo el mundial de futbol que estamos viviendo, vuelvo a fijarme en cómo casi todos los países tienen sus himnos nacionales con letras, es decir, que los jugadores, cuerpos técnicos y aficionados los pueden entonar y cantar todos juntos. Nosotros, sin embargo, no podemos hacer eso. La verdad es que a mi me gusta mucho la letra que en su día escribieron Jon Juaristi, Luis Alberto de Cuenca y Abelardo Linares. Sinceramente me cuesta creer que alguien pueda sentirse ofendido por algo que se diga en ella. Es por eso que he decidido “cantarla” cada vez que suene el himno. Me dirán que eso no es lo importante. Y yo les contestaré: ¿Seguro?
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Me ha gustado muchísimo el Diario de signos de Cristóbal Serra. Un libro especial. Especial y Mediterráneo. Ideal para estos días de verano.
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E. cumple 14 años. Todo va tan rápido que cuesta creerlo. Otra vez le pilla la celebración en pleno campeonato de España de remo olímpico, en Sevilla.
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Las canciones de verano de Samuel Barber, como cada año por estas fechas, me acompañan durante mis subidas y bajadas al trabajo, o mientras conduzco para ir a comprar o para recoger a A. o a E. Es una música que me evoca porches y noches calurosas de conversación amena; también lejanas playas imaginadas o las nunca visitadas, salvo en sueños, costas de Dover.
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La secuoya gigante no parece de este mundo. Ciertas personas tampoco.
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Sigo con Cristóbal Serra y leo La noche oscura de Jonás. Es extraño, o no tanto, pero si pienso de Serra pienso también en José Jiménez Lozano. Ambos tienen muchos puntos en común. Fueron escritores que se aislaron de toda la farándula literaria. Fueron unos solitarios decididos, vocacionales. Su escritura, en gran parte, se explica por esa soledad buscada y deseada. Ambos tenían un mundo personal muy marcado y en ciertos puntos coincidentes. La presencia de los relatos bíblicos es crucial en los dos. En ese sentido no es casual que ambos escribieran una novela sobre el profeta Jonás. Relatos donde el humor está muy presente, además. Pero uno es un hombre del interior y otro es Mediterráneo.
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Paso la tarde perdido en un libro de aforismos de Óscar Wilde. Qué finura y qué inteligencia. Pero cuánta conciencia de saberse fino e inteligente.
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Ciertas noticias de la Iglesia nos recuerdan el gran peligro de la división, pero también el gran peligro de creer que la Verdad es menos verdadera por ser vivida de distintos modos. 12 fueron los apóstoles y los 12 eran diferentes. En fin, mucho que pensar y mucho por lo que rezar.
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Una cena con buenos amigos. Detener el tiempo y mirar la anochecida acariciando la línea del horizonte con la luz mágica de las cosas importantes, las que apenas duran un instante. Un instante eterno.
