Notas de invierno VI: Tardes…círculos…

Notas de invierno VI: Tardes…círculos…

Para una tarde de escritura…la Música callada de Mompou. Y que ella mueva mis dedos sobre el teclado y mi corazón sobre las palabras.

Hay sueños que van adquiriendo tal nivel de realidad (o de realismo) que terminas por despertar y abrir los ojos…a la oscuridad. Es lo real lo que te despierta, lo que te saca a empujones del sueño. Y, en este caso, lo agradeces.

Los atardeceres se van haciendo algo más lentos, retrasándose así la llegada de la noche. La primavera respira agazapada, esperando pacientemente su turno. El invierno vive ya su etapa final que, conviene no olvidarlo, puede ser muy larga.

Los que ayer encumbraban a una celebridad hoy la hunden hasta no dejar ni rastro de ella por un comentario o una acción fuera de lugar. O fuera de lugar para ellos, que eso ya no importa. En esta sociedad nuestra se pierde y se gana todo en un segundo. De nada vale la constancia, lo sostenido en el tiempo, lo que supone un esfuerzo. Subir muy rápido para caer más rápido todavía. Y, en ambos casos, normalmente de forma inmerecida.

¿Por qué tenemos tanto miedo a leer cosas que no coinciden al cien por cien con nuestra forma de pensar, de sentir o incluso con nuestras creencias? No me gusta nada cuando veo que alguien nos dice qué debemos leer y, sobre todo, qué no debemos leer. 

Uno de los autores predilectos de Benedicto XVI era Hermann Hesse. Cosa que, por cierto, me alegra mucho, pues siento verdadera admiración por ambos y ambos ocupan un buen tramo de espacio en las baldas de mi biblioteca. Pero Hesse no era precisamente un ortodoxo en cuanto a sus creencias, sino más bien una suerte de “buscador” de lo inefable. En todos sus libros (muchas veces más en sus pequeños libros que en sus grandes novelas) hay un constante anhelo por buscar la trascendencia. Ratzinger, fino lector, supo ver eso y valorarlo en su justa medida.

Un hombre comete un acto de vandalismo en el altar de san Pedro, en el Vaticano. Otro golpea a un sacerdote en medio de una celebración en Estados Unidos. Lo dejamos anotado. Y en esas estamos.

Salgo a pasear por la tarde. Es sábado y el tiempo es excelente, sobre todo teniendo en cuenta los días previos de frío intenso. Camino sin rumbo… pero mi rumbo me lleva a entrar en una librería. Descubro que la editorial Acantilado (una de esas editoriales a las que uno se podría suscribir para comprar todos sus libros con los ojos cerrados) ha editado, en un pequeño tomo de apenas 100 páginas, el Breve elogio de Dante de Giovanni Boccaccio (en traducción de Marilena de Chiara). Lo compro y me subo a casa. Sentado cómodamente en el sillón y con la lámpara encendida, pues la tarde ya es noche cerrada, comienzo la lectura. Y sonrío al descubrir en sus primeras páginas una frase que parece atribuirse a nuestro tiempo, y no al siglo XIV: “Pero los sucesores del presente (…) no siguieron las huellas y ni tan elevado ejemplo y se han desviado tanto del recto camino que hoy el más ambicioso consigue el premio que le correspondería al de mayor virtud”. Subrayo la frase con el lápiz que un buen amigo me trajo de su viaje a Florencia, en el que hay grabado un verso de la Divina comedia. Así se van cerrando los círculos.

Marco Antonio Torres Mazón

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