La hermosa lentitud con la que la luz va ganando espacio en los atardeceres. Cada vez que sales a caminar, bordeando la costa, con esa suerte de andadura de cabotaje que gustas de practicar en estos meses del año, eres testigo de esa lucha, minuto a minuto, entre el viejo invierno y la joven primavera. Ya, ya queda menos, parece decirle ese señor de pelo cano y voz profunda a la muchacha que, ansiosa y sonriente, aguarda su turno.
…
Comienzo la semana con un aforismo de Nietzsche en la cabeza: Hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas.
…
Juan Manuel Bonet publicó un único diario, titulado La ronda de los días (1984-1990). Son apenas 70 páginas pero que contienen todo un mundo en su interior. Como no se ha vuelto a reeditar, es un libro complicado de encontrar. Tras muchas pesquisas, consigo un ejemplar a través de internet en una librería de viejo. El precio no es malo, así que decido comprarlo. Estoy deseando tenerlo entre mis manos y dedicarle unas horas de tranquila lectura, ahora que todavía nos esperan algunos días de frio. Es un libro de pequeño formato y que lleva en la portada una fotografía de Josef Sudek, con ese aroma de la vieja Europa que tanto aparece en algunos poemas de Bonet. Ahora toca la espera, la desesperante y lenta espera.
…
Tarde de lluvia:
recuerdos de infancia
y viejos libros.
…
En un libro de Gabriel Insausti (Récord de permanencia), este brillante (por certero) aforismo: “Lo realmente admirable de Dios es su habilidad para pasar desapercibido y hacernos creer que somos nosotros quienes hacemos las cosas”.
…
En los Encuentros Interdiocesanos de Cofradías y Hermandades, en la vecina localidad de Dolores. Gratos momentos de compartir para seguir creciendo. Paso una jornada verdaderamente a gusto, donde el tiempo en comunidad es tiempo ganado. Conocer otras realidades, aprender a mirar (por tanto, aprender a amar) otros modos de hacer, de vivir la fe que nos une. Las cofradías y hermandades debemos ponernos en valor. Somos una de las formas de evangelización más antiguas dentro de nuestra Iglesia; somos primer anuncio para un número muy grande de personas. Además, no nos guardamos nuestra fe para nosotros, sólo para nuestros adentros, sino que abrimos las puertas de las iglesias y salimos a la calle para narrar y contar una historia que sigue cambiando la vida de muchas personas y dando sentido a cada una de nuestras caídas.
…
Domingo. Como A. tiene trabajo que hacer y E. tiene exámenes, y yo tengo que escribir y seguir con la corrección del libro, pues estamos cada uno en un lugar de la casa, como monjes copistas en una abadía. A. en el comedor, E. en su habitación y yo en el despacho. Cada uno de nosotros con los auriculares puestos y escuchando la música que más nos ayuda en nuestra tarea. Cuando llegue la hora de comer los tres nos encontraremos en la cocina y contaremos cómo llevamos nuestra respectiva faena. Y sonreiremos al vernos, como si regresáramos todos de un lejano país. Así es también la vida familiar, gracias a Dios.

Dejar un comentario