Miriam Parra detalla la documentación recogida sobre nuestras salinas en la Baja Edad Media

Miriam Parra detalla la documentación recogida sobre nuestras salinas en la Baja Edad Media

Antonio Sala Buades

El pasado 29 de mayo en el salón principal de la Sociedad Cultural Casino tuvo lugar el brillante cierre de las VIII Jornadas sobre las Lagunas de Torrevieja y La Mata, que cada año organiza la asociación cultural Ars Creatio. 

En su presentación, Ana Meléndez, coordinadora de estas jornadas, expuso el currículum de la ponente y subrayó la labor de Ars Creatio completando la historia de la ciudad, desde Cap de Cerver hasta nuestros días, en diversas disciplinas.

Miriam Parra Villaescusa, licenciada en Historia y máster en Arqueología y Gestión Integral del Patrimonio, y doctora internacional por la Universidad de Alicante en Historia Medieval, está especializada en el estudio de las tierras meridionales de nuestra provincia en esta época histórica. Su conferencia “Marco ambiental, paisaje cultural y recursos naturales en torno a las lagunas de Torrevieja y La Mata (ss. XIII- XV)” aportó una gran cantidad de datos recogidos en documentación de la mencionada época, desde todos los aspectos, referentes a las salinas de Torrevieja y La Mata. Dividida en tres partes, con una introducción sobre la noción de paisaje histórico y cultural, se centró en el estudio de la sal y las salinas al sur del reino de Valencia después de la Reconquista cristiana (1243).

El paisaje histórico queda conformado por las relaciones entre los humanos y la naturaleza, y es reflejo de quienes lo usaron y lo modificaron con el tiempo. Para su estudio se emplean diversos elementos (fosilizados, reutilizados y deducibles), recogidos en estratos al modo de las capas de una cebolla. Los poblamientos y los espacios productivos (agrícolas, ganaderos y naturales) conforman el paisaje como un todo socio-ecológico.

Con respecto al tema principal de la conferencia, el sur del reino de Valencia en la Edad Media, su estudio se enmarca en tres proyectos en los que participan diferentes universidades, la de Alicante entre ellas. Se destacó su característica de frontera, no sólo entre los reinos de Aragón y Castilla, sino también con el último bastión musulmán de Granada. Después del Tratado de Almizra (1244) y el de Elche (1305), entre otros, quedaron configurados los respectivos territorios tras repartirse el antiguo reino de Murcia, con la posterior guerra entre los dos Pedros (I de Castilla y IV de Aragón, entre 1356 y 1359). La Vega Baja se articula en torno al río y con el paso de los siglos experimenta grandes transformaciones. Igual ocurre con el área que rodea las lagunas de Torrevieja y La Mata, muy distinta en la actualidad de como lo fue en otros tiempos.

Hubo por las lagunas otras actividades además de la extracción de sal, como caza, pesca, agricultura, ganadería y recolección de plantas. El Libro del Repartimiento de Orihuela, que recoge la distribución de Jaime I de Aragón entre sus vasallos de las tierras reconquistadas, es una fuente fundamental para conocer el paisaje del siglo XIII, dada la obvia carencia de imágenes. Se dispone de numerosos datos, desde la concesión de Alfonso X de Castilla (yerno del antes citado) en 1273 de permiso para el arrendamiento de las salinas menores —las de Guardamar, hoy La Mata, bajo administración de la monarquía— y la autorización a los vecinos a que pudieran “proveerse de las salinas mayores —las de Cap de Cerver, hoy Torrevieja, gestionadas por el Concejo de Orihuela— para su consumo doméstico”. La explotación de la sal, su distribución y percepción de tasas por su uso eran una regalía de la Corona, que fiscalizaba todos los movimientos económicos en la zona.

Miriam Parra pormenorizó toda la documentación recogida en cuanto al funcionamiento de ambas salinas, tanto el sistema de extracción como las condiciones de explotación. El mayor apogeo de las de La Mata acaeció tras la entrada de la familia Santángel (1465). Se conocen también las construcciones que permitían el trabajo (torres, aljibes, casas). Un documento de principios del siglo XVI detalla once fases del proceso de producción de sal. El codiciado producto de nuestras lagunas viajaba por las rutas mediterráneas hacia Argel y las repúblicas italianas. Se ha podido saber hasta la procedencia de los trabajadores y el recorrido interior de la sal por vías pecuarias.

Como reflexión final, la ponente destacó el carácter de nuestras salinas como nicho socio-ecológico, al generarse un enclave portuario con tres funciones: comercio, pesca y explotación salinera. No podemos entenderlas sin las imbricaciones con la actividad ganadera y los espacios de uso común en la Vega Baja (simbiosis productiva). Destacó asimismo la riqueza medioambiental y patrimonial, con el legado cultural y ecológico que llevan aparejado, y la necesidad de la transferencia de conocimiento entre la población mediante el desarrollo de las actuaciones adecuadas.

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