Me gustaría vivir en una acuarela de Hermann Hesse (Al menos durante una buena temporada).
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La hoja de otoño que cae del árbol es más libre que la que quedó prendida en la rama: con la primera racha de viento sale volando.
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Hay momentos para guardar silencio y hay momentos para guardar más silencio todavía.
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Concierto en Alicante de Ricardo Lezón, del grupo McEnroe. Lo he dicho ya varias veces y lo diré otras tantas más: sus canciones son de las mejores que he escuchado en los últimos veinte años. Además, son canciones que entran en temas y situaciones propias de la vida y del mundo (interior) que habitamos. Acompañado por su guitarra y por un cancionero de sólida envergadura, Ricardo Lezón crea en seguida un clima íntimo, de confianza pero al mismo tiempo relajado. Cuando canta “Asfalto (Libres los Animales)” no puedo evitar la profunda emoción de un tema que me lleva al recuerdo de mi padre. Ahí estamos hablando del verdadero poder de la música. No hacen falta artificios ni más “ruido”. Sólo la verdad…la verdad que nos lleva a la belleza o al revés: una belleza que nos acompaña hasta la verdad. Una noche para el recuerdo, en forma de firma y dedicatoria de su libro Lento y salvaje. Le agradezco tantas horas de buena compañía, no siempre en situaciones fáciles. También la música como refugio donde guarecernos de la tormenta, donde no quedar a la intemperie, solos, desnudos y perdidos.
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En la iglesia de san Pedro, en Novelda, al caer la tarde. Un árbol, una cruz, una puerta que se abre al fondo. Luz.
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Mañana del sábado. Aire frio pero día soleado. Verdadero otoño. Novelda. Apertura del Encuentro Provincial de Semana Santa. Conocer a gente que merece mucho la pena y con la que seguir compartiendo. Compartir…ahí está todo. Como la escritura; como la lectura. Todo, en el fondo, es un acto sagrado…una oración.
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La sensación de dormir a un niño. Ver cómo ralentiza la respiración, entorna los ojos, relaja su cuerpo. Es como una lucha a la que primero se resiste pero luego se entrega y, finalmente, es derrotado. Una lucha dulce.
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Domingo. Novelda, otra vez. Último día de los Encuentros. Un paseo por la ciudad. Regresar a la iglesia de san Pedro, con esa estampa azoriniana (más que mironiana) de sus cúpulas de tonos azulados. Celebración de la eucaristía. Finalmente, comida de hermandad. El regreso a casa coincide con el lento caer de la tarde y la aparición de una noche fría, estrellada. Agradecido y cansado, cierro los ojos y soy derrotado, como un niño, por el sueño.
Marco Antonio Torres Mazón
