La luz de África

La luz de África

Eduardo Aranda Hortelano. Podrá parecer que el concepto “ser de luz” es una realidad abstracta, carente de toda presencia material en nuestra vida diaria. Cualquier persona que hubiera conocido detenidamente a Joaquina Bosch Salinas, o más bien dicho Quinita, se habría percatado rápidamente de esas características que no dejan indiferente a nadie. Si con la plenitud de los cinco sentidos analizan la nota biográfica que seguidamente se presenta descubrirán una persona que vino a este mundo a sanar el cuerpo y el espíritu de los oprimidos por innumerables males. Una mujer que no vino a ser servida, sino a arrodillarse y entregar sus energías hasta las últimas consecuencias. 

Hablar de Quinita implica obligatoriamente hacer mención a Nueva Fraternidad. Una desbordante ilusión cumplida, un torrente de anhelos, materializados en proyectos que han visto la luz en las últimas décadas. Ligada estará por siempre su voluntad a los famélicos cuerpos de los ruandeses, que han experimentado el azote de la sed, hambruna, carencia de una vestimenta digna y tantas otras necesidades que son inherentes a nuestra condición de ser humano. Con esta labor Quinita no buscaba otorgar un incentivo económico, como si simplemente se tratase de un premio de la lotería, un presente bajado del cielo alcanzado sin esfuerzo alguno. La misión de esta asociación se ha nutrido de los valores de su fundadora como la constancia, esa virtud que nos hace crecer como personas.

En el caminar mundano de Quinita, cómo no hacer referencia también a AFA y todas esas personas que ven adormecerse paulatinamente las mariposas del alma, como bien indicaba Ramón y Cajal. Esa es la base de nuestro existir. Sin ellas seríamos no más que un recipiente que va envejeciendo en el transcurso de los años, un fruto con fecha de caducidad a pesar de todo lo que quiera enmascarar la sociedad actual con sus fallidos intentos de preservar la juventud en la cara, manos y otras tantas partes de nuestra anatomía.

Por último, la fe era para Quinita un pilar fundamental, un baluarte al que poder aferrarse cuando la oscuridad se cernía sobre ella. Ya la Biblia nos dice: Lámpara es tu palabra para mis pasos. A esa luz que viene de lo alto se encomendaba en lo bueno y en lo malo, porque no solo podemos acordarnos de los que están ahí arriba cuando nos interesa. A Nuestra Madre Purísima, consultaba tantos proyectos e ilusiones con la confianza de una hija. Bajo su manto sentía constantemente el cobijo celestial, especialmente cuando sentía su alma en desamparo.

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