Cuaderno de invierno VII: El regalo del domingo

Cuaderno de invierno VII: El regalo del domingo

Días de fuerte temporal de viento. Varias alertas sucesivas: amarilla, naranja. Después, poco a poco, la calma. Una calma que no volveremos a añorar hasta que llegue otra inclemencia que nos saque de la tranquilidad de los días apacibles. Somos así.

Cuando los lunes son muy lunes lo único que podemos hacer es dejarnos arrastrar por la marea, cerrar los ojos y esperar a que amanezca el martes.

No me gusta lo homogéneo; prefiero los carismas. Con lo homogéneo perdemos pluralidad y riqueza. Con los carismas ganamos en profundidad y tradición. Lo que necesitan unos no es lo que necesitamos otros. Y está bien que así sea. La riqueza de la Iglesia Católica precisamente consiste en eso. Por ejemplo: durante siglos las cofradías y hermandades han sido canal y cauce de evangelización (de primera evangelización…). Que ahora existan otras formas de realizar esta misión no quiere decir que invalidemos las anteriores. Ni mucho menos. Entre otras cosas porque las anteriores, las que llevan tantos siglos utilizándose, ya han probado su real eficacia. Por eso, finalmente, todo suma; todo es riqueza; todo es carisma.

Volver a María Zambrano. A la extrañeza y profundidad y belleza de su escritura. En uno de sus primeros libros, Los intelectuales en el drama de España, tiene un texto que lleva por título “San Juan de la Cruz (De la “noche oscura” a la más clara mística)”, donde aparece toda la potencia de su pensamiento. Un artículo que comenzó a escribir en Barcelona y que terminó de escribir ya en el exilio, en Buenos Aires, en 1939. En un momento dado, hablando de la naturalidad con la que San Juan escribe poesía, usa la siguiente expresión: “…la poesía parece nacer en él con la naturalidad del agua en el deshielo”. Y así, arrastrado por esta forma de decir de María Zambrano, cae la noche al otro lado de la ventana. 

Bendito momento de salir a caminar y sólo pensar en el siguiente paso.

Muere el escritor Cees Nooteboom. Escribió un precioso libro de viajes por España, El desvío a Santiago. Recuerdo que me gustó mucho cuando lo leí, hace ya algunos años. Busco mi ejemplar en la estantería. Lo saco y me pongo a ojear el índice, donde ya los títulos de los capítulos despiertan mis ganas de una futura relectura. “Un viaje a través de los nombres y del tiempo”, “Susurro de marrón, oro y gris plomizo”, “Un momento en la memoria de Dios” o “Los hermosos días de Aranjuez”. Sí, creo que quizá este verano aproveche para releer este libro de viajes, un género que cada vez me gusta más. También, por cierto, escribió Nooteboom otro peculiar libro viajero, donde narraba las visitas a diferentes cementerios del mundo en busca de las tumbas de sus más admirados escritores y pensadores. Un libro del que guardo un gran recuerdo. 

El regalo del domingo: un tiempo de celebración en comunidad, un tiempo de vivencia de familia y un tiempo de tranquilidad y escritura. 

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